viernes, 19 de junio de 2015

GRAJOS


ILUSTRACIÓN: MANUEL F. TORRES


Me guardaba este título.

Debido al acervo popular, al eterno poema de Edgar Allan Poe y a que se trata de un ave que aúna en sus características físicas y protocolarias todo aquello que suele dar grima al ser humano; pretendía cubrir con él con ese mal aura que poseen los cuervos un relato autobiográfico sobre la que fue mi relación, durante mi infancia y adolescencia, con la iglesia católica y con sus representantes más cercanos: los curas y sacerdotes.

Una relación innecesaria, obligatoria e incoherente que bien puede hacer las veces de metáfora o establecer similitudes con la historia de los ciudadanos de cualquier país, en cualquier época y bajo el yugo mitológico de cualquier credo.

No sé si recuperaré este título en singular para narrar la historia que sufrí bajo el mando de uno de ellos, un sacerdote castrense, que, desde años antes a la fecha en que mis padres me ingresaran en el internado militar donde cursé estudios de bachillerato, ya recibía de las voces escondidas de los niños de los alumnos de aquella institución el sobrenombre de “El grajo”. Éste ha sido, con diferencia, el mejor mote colocado a personaje que yo haya conocido. Sin duda cumplía, de forma plena, con el requisito principal que requiere cualquier apodo: la abstracción. Definir el todo del individuo con un único concepto resulta complejo. Es por esta razón que los motes suelen atender tan sólo a una característica de la persona a la que pretenden renombrar y, por lo general, no logran abarcar la totalidad de sus rasgos físicos, intelectuales y psicológicos. Pero, como digo, en el caso de este personaje real, su apelativo completaba todas las fases que precisa una buena descripción. Tanto es así que el mal agüero de este hombre pájaro, las características del cuervo, el aura maligna a la que me refería al inicio de este texto; lo cubría de tal manera que, con toda seguridad, el apodo no dejó de él ni la reminiscencia de su verdadero nombre.

Pues bien, hoy he decidido gastar este título y el relato que le correspondía por una razón que considero justa: apoyar a Rita Maestre portavoz de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid no sólo para evitar que dimita de su cargo (algo que la propia implicada ha manifestado que no va a hacer) sino para explicar porqué no debe hacerlo ni ella ni nadie que se vea en su misma situación. No sé si mis escritos pueden servir para algo en este sentido, pero mis palabras, o los vídeos que realizo, son mi forma de tomar partido, de mancharme, intentando llegar con mis ideas a otras personas, a otras mentes, en busca de un remedio que aplaque esta sangría que sufre la democracia en mi país.

Al grano:

Resulta que, gracias a la que sigue siendo una acción de hostigamiento a la plataforma ciudadana “Ahora Madrid” (que desde el día 13 de junio rige la alcaldía de la capital de España), se requiere la dimisión de esta mujer, se pide que Rita Maestre abandone su cargo. ¿El motivo? La fiscalía de Madrid solicita para ella una pena de un año de cárcel por un acto contra los sentimientos religiosos que, para ser más concreto, vino a ser una acción de protesta en el interior de la capilla de la Universidad Complutense de Madrid.

Esto hecho que relato ocurrió en el año 2011 pero el grupo que lidera la oposición Partido Popular (PP)─ y el que no se opone tanto ─Partido Socialista de Madrid (PSM)─ no atienden a fechas lejanas ni al hecho contundente de que, en aquellos años, ni la imputada ostentaba cargo público alguno, ni su acción tenía algo que ver con el puesto que ocupa ahora. Como digo, sin atender a razones, ambas fuerzas políticas han hecho suyo el condicionante ético por el cual cualquier cargo político, imputado por la justicia, está obligado a dimitir; una máxima que fue estandarte de campaña tanto de la formación “Podemos” como de las plataformas ciudadanas que se presentaron a las pasadas elecciones. Así es: PP y PSM atacados de un fervor ético que les impide ver vigas carcomidas en sus propios ojos se tiran ahora a la piscina de pedir dimisiones por cualquier causa, aunque ésta no tenga nada que ver con los casos de corrupción que es, en definitiva, de lo que iba dicha máxima.

Dado que existen vídeos que describen lo que ocurrió durante el acto de protesta feminista en el que participó Rita Maestre, dejo aquí el correspondiente enlace a uno de ellos y prosigo con mi disertación.  

Para empezar, entro a empujones en el absurdo tejemaneje de esta imputación al tratar lo pendiente de resolución judicial de una acción contra la Iglesia Católica, la portentosa secta global que tanto hace por ocultar sus vergüenzas a los ojos de la justicia aunque, por fortuna, la historia y el dolor causado no las permiten mantenerse bajo tierra. Por mucho que sus prelados y acólitos blanqueen huellas y sepulcros, la mugre y la putrefacción siempre rezuman. Y esto que manifiesto, que en apariencia es un juicio de valor, se puede constatar con facilidad mediante el estudio e investigación de las actividades de esta congregación. Es más, constituye la piedra sobre la que edificaré mi argumentación.

Continúo:

Como digo, me parece absurdo todo este vericueto legal apoyándome en dos fundamentos que se complementan y que intentaré explicar:

Aunque hace cuatro años aún no se hubiese aprobado la dictatorial y carcelera “Ley Mordaza” (que a partir del 1 de julio de 2015 penalizará en España cualquier acción de protesta pacífica a nada que alguien sea violador, gánster o político corrupto pueda sentirse ofendido por efecto de la misma); en el momento en que se produjeron los hechos, la iglesia católica atentaba contra tantos derechos en este país aconfesional, se pasaba bajo los faldones tanta jurisprudencia civil y miraba para otro lado ante tanto derecho canónico; que lo natural, lo cívico, lo moral; era protestar, bien alto, por mucho que a cualquiera que llevase a cabo dicha protesta se le pudiera acusar de haber cometido un delito. 

Ahora bien, es en este punto, el del delito, donde debemos hacer parada y fonda ya que, si analizamos este supuesto quebrantamiento de la ley “la acción contra los sentimientos religiosos”, entramos en la paradoja legal que vengo advirtiendo.

Me explico:

Debido a que el estado español es aconfesional, y así lo determina la constitución en su artículo 16 sobre derechos y libertades, debemos entender que la religión mayoritaria en España, es el laicismo. Puede que algún lector me conteste que no profesar ninguna religión no se puede considerar un modelo de creencia espiritual. Pero yo no estoy de acuerdo y creo que nadie debería estarlo. La amplia mayoría de la población española posee un modelo de creencia espiritual aunque para tenerlo no precise de un mito todopoderoso, flamígero, antropomórfico y aviario: creemos de forma profunda y estudiada en la libertad del individuo y nuestra biblia es un manual elástico, consensuado e inclusivo, que se llama Constitución Española. Y la Iglesia Católica, al contrario que las jefaturas de muchas otras confesiones, no cesa de cometer agravios contra ese sentimiento religioso mayoritario, sin que nadie, ningún fiscal, haya llegado a denunciar jamás al clero por esta acción constante que, por lo tanto, deviene en costumbre. A este respecto, el de la costumbre, nuestro código penal abre un sinfín de interpretaciones y una de ellas es el principio "Costumbre secundum legem" que integra o completa los principios de una norma jurídica. De ahí que si la práctica, delictiva y manifiesta, de la Iglesia Católica en lo que concierne a su acción contra los sentimientos religiosos de la mayoría de los españoles─ nunca fue penada; tampoco, por costumbre, debe ser objeto de delito cualquier acción contra los sentimientos religiosos de la propia Iglesia.

Pero dejemos esta hebra en manos de jueces y abogados pues no es más que eso, un fleco de los muchos que tiene este galimatías jurídico que, sin otra opción en un estado de derecho, concluye en otro: el derecho de libre manifestación y protesta, un derecho que está reventando de forma paulatina y que debemos recuperar sea como sea.  

Compruebo, al releer este texto, que vengo hablando en pasado aunque, como bien sabemos, debería utilizar el presente siempre y cuando me refiera a la jefatura de esta congregación tan obscura como obscena. De poco me sirve que se me diga que el nuevo pontífice tiene el propósito de hacer limpia en su seno, salvo para ratificar que gracias a ese gesto, hasta él mismo, el vicario de Cristo en la tierra, es conocedor de cuanto se urde en la Santa Sede y en sus ramificaciones arácnidas; ese templo que, a nada que unió destino con las postrimerías del imperio romano, recuperó las formas antiguas de cualquier religión precedente, abandonó la enseñanzas de sus guías espirituales y volvió a convertirse en guarida de criminales y mercaderes hasta el día de hoy.

Allá cada cual con sus creencias y con las conclusiones que extraiga de la historia, de los hechos y de su libre interpretación…Pero, claro está, cuando este lobby religioso, en pleno siglo XXI, sigue interfiriendo en las políticas sociales y económicas que afectan a una sociedad plural; sigue practicando un filibusterismo que corrompe las libertades de un estado y de sus habitantes; sigue intentando imponer su fe a golpe de hoguera electoral y, para colmo de esta incongruencia, sigue lanzando soflamas que agreden, con sólo su mención, a cualquier colectivo que, según su criterio ambiguo, les parezca amoral acusándolo de barbaridades con tal de proscribirlo; no queda otra que acudir a la ley y a la justicia para lograr detener sus acciones.

Pero, una vez más en España, es en ese punto del proceso legal donde todo falla. Porque en este país la Iglesia Católica tiene patente de corso. Nada se puede hacer contra sus delitos. Sobre las mesas de los despachos de policías, fiscales y jueces existen denuncias terribles que así lo atestiguan y que no llegarán a ningún destino concreto. Dios es el único juez de esta banda criminal que, según parece, tiene en nómina al supuesto ente omnipresente.

¡Ojo! Cuando hago estas acusaciones a la Iglesia Católica, no hablo de su feligresía que víctima de un lavado de cerebro milenario bastante tiene con no ver en estos asuntos más allá de sus narices. Hablo de los jerarcas, de esa estructura de poder piramidal y, en mi discurso, abarco desde el primer cura hasta el último obispo. Y abro todo ese abanico porque, en verdad, de entre todos, aún aquellos que se creen inocentes y deciden que se tienen bien ganado el cielo, viendo ciegan, escuchando callan, descubriendo ocultan y, en su intentona por sanear, entierran. Todos, sin excepción, son culpables del pecado de omisión y lo que omiten es muy grave, es abominable. Poseer el sacramento de la confesión para eximirse de cualquier responsabilidad como testigo, administrar esa justicia suya de la penitencia mediante rezos y fustigaciones, y tener la posibilidad de conceder el perdón, así, por las buenas; no hace sino certificar que es una religión que ampara la ley del silencio, la omertá. Reto a cualquier lector a que me presente un caso en el que un criminal se haya entregado a la justicia debido a que su párroco le indicó, tras escucharlo en confesión, que eso es lo que debía hacer para expiar sus pecados. Me da que, caso de encontrar alguno, se tratará de un delincuente de poca monta.

Prosigo:

A la sociedad libre, variopinta y díscola ante los preceptos mitológicos, no le queda otra que el activismo político y social; no le queda otra que criticar la acción de este estamento instaurado en el poder no por tradición (que también) sino por la fuerza de una masa captada, señalada y guiada desde el mismo día de su nacimiento para que se postre y admita cuanto se les diga desde un púlpito. Una masa que callará si se lo manda el párroco de turno, que comulgará con ruedas de molino si así lo dictamina un arzobispo y que prestará su apoyo electoral a candidatos políticos según lo promulgue la archidiócesis que corresponda. Pensadlo y convendréis que es éste el verdadero populismo, el que emana del mito, el que da soluciones en el más allá estipulando y convenciendo a la población crédula de que, el paseo por el más acá, no es más que un sendero de espinas por el que el rebaño del Señor debe caminar sumiso hasta el matadero. Una receta magistral para controlar a millones de fieles que, debido a una lectura condicionada de los evangelios, no caen en la cuenta de que ese mensaje de sometimiento ante la injusticia y el dolor, nunca formó parte del Nuevo Testamento. Y es que, aún dando por cierta la recopilación de los hechos narrados en los Evangelios, una cosa es que Jesús en el “Sermón de la montaña” denominara como bienaventurados a los que sufren, porque ellos verían a Dios, y otra, muy diferente, es que exhortara a sus discípulos a que, de forma voluntaria, se lanzaran a pasar las de Caín. Todo lo contrario. En ese sentido, si en algo abunda el texto es en la confraternización, en la necesidad de ser honesto, en la lucha por la justicia social; Jesús, en el mismo sermón, habla mucho más de los perseguidos y de los que tienen sed de justicia.

Y es precisamente eso, sed de justicia, lo que buscaron y por lo que luchan tanto Rita Maestre, como sus compañeras de protesta, como gran parte de la ciudadanía: una justicia que no llega pero que se debe revolucionar para que, en este estado, las libertades puedan caminar solapándose sin problema alguno. Es precisamente por eso por lo que no debe dimitir Rita Maestre porque, de hacerlo, quedaríamos condenados todos los que hemos luchado, de forma veraz y contundente, por cambiar la forma de vivir y sentir la democracia, la forma de equilibrar esta sociedad de forma justa.

Nuestra libertad no termina donde comienza la de los demás. Ese silogismo es una falacia puesto que su argumento deriva, sin más. en choque, en conflicto. Nuestra libertad debe avanzar con la de los demás, en paralelo, sin cruces ni confrontaciones; sin intrusiones legales sobre el cuerpo y voluntad de cada mujer; sin invasiones en el ámbito de la cultura y educación de nuestros hijos e hijas; sin oscurantismo y diferenciación de la fiscalidad; sin permanencia en los estamentos de gobierno; sin intervención en la ecuanimidad de la justicia.

Cada vez que en estos tiempos nuevos por presiones encaminadas a cumplir una vieja estrategia de desgaste un activista sea cuestionado por acciones no violentas; sea juzgado por la lucha pacífica para evitar el uso de las apisonadoras del poder; o sea eliminado del juego político por su posición en los muchos frentes que se han abierto a lo largo de estos años de expolio; se dará un paso atrás inadmisible que no sólo borrará sonrisas, borrará la libertad de elegir nuevos caminos, nuevas soluciones. Y respecto a eso de dar pasos atrás para hallarlas, no nos queda otra que citar al "divino Edgar" y gritar:

“Nevermore”…

lunes, 15 de junio de 2015

ZAPATA Y LA PONZOÑA

ZAPATA Y LA PONZOÑA



Dado que publiqué hace un par de años, en esta misma bitácora, un breve artículo titulado “Estado de gracia”, donde disertaba sobre el humor y sobre todo aquello de lo que somos capaces a la hora de reírnos; no voy a abundar en cuestiones filosóficas y sociales para entrar en materia respecto a este asunto de los tuits de Guillermo Zapata ─concejal responsable de deporte y cultura en el Ayuntamiento de Madrid─ que el pasado 13 de junio de 2015 se estrenó en el cargo sin saber lo que se le venía encima y que, en el momento en que escribo este artículo, dos días más tarde, ha terminado dimitiendo.

Para quien no se haya enterado de lo ocurrido, añado un enlace a este post, publicado por el diario El País el cual, en este caso, iguala su reacción editorial a la del diario El Mundo, publicación de la que fuera director Eduardo Inda, artífice de esta metralla mediática.

Resulta incuestionable que Guillermo Zapata cometió una metedura de pata, grave, poniendo por escrito y haciendo públicos chistes viejos y brutales que, como otros de la misma índole e incluso peores, recorren y han recorrido las bocas y orejas de cualquier población nacional o extranjera. 

Quede dicho de antemano: la torpeza es grande y los chistes tuiteados son horribles. Quede dicho también que todos somos culpables de nuestro pasado y que lo somos porque, como supongo en el caso de Guillermo Zapata ─a quien no conozco personalmente─, no somos capaces de intuir cuál va a ser nuestro futuro y, así, durante nuestra juventud, por poner un ejemplo, cometemos errores de los cuales, alguno que otro, resultan inconfesables. A buen seguro, si este hombre hubiese pronosticado, hace cuatro años aproximadamente, que iba a ocupar un puesto de relevancia política, no hubiese publicado esos tuits con esos chistes que, pese a su humor sangrante, eran de dominio público desde muchos años antes.

Me juego la cabeza ─seguro de no perderla─ que un gran porcentaje de la población ha escuchado en alguna ocasión ─en esas rondas de chistes tan castizas, tan de bareto y caña o, incluso, tan de cierre de reunión de negocios entre altos directivos─ varios de esos sarcasmos brutales que, en algunos casos concretos, llegan a poner de moda su temática. He escuchado decenas de chistes sobre Etiopía (haciendo guasa sobre el hambre de sus habitantes y sus condiciones físicas); sobre el SIDA (cuyas salvajadas se reciclaron recientemente en las mismas salvajadas aplicadas al ébola); o sobre el 11S (siempre aludiendo a fórmulas rápidas para cargarse a extranjeros, judios y parias). Diré más sobre la indolencia del humor: he escuchado chistes, cortos y largos, sobre los asesinatos de ETA relatados, con gran cachondeo, por miembros de la Guardia Civil destinados en el País Vasco a sabiendas de que, en esos chistes, mayormente se hacía burla del asesinado, ya fuera compañero del cuerpo o víctima política.

Este factor macabro me lleva a pensar ─ya a una edad en la que paso cualquier experiencia e idea por el filtro de la reflexión contemplativa─ que semejantes chuscadas, también consideradas como humor aunque éste sea del peor gusto, no sólo se utilizan como medio de ataque y crítica; son, también, una fórmula de autodefensa de la psique, de bálsamo de fierabrás (administrado entre risas y risotadas según la condición cultural del paciente) para que el ser humano sea capaz de soportar la realidad de sus acciones y de su devenir. El humor, entre muchas de sus cualidades, tiene la capacidad de hacernos sobrellevar el hecho de que, como especie, somos histórica, social y científicamente letales. Nos reímos de lo que se hizo mal, de lo que se hace mal, del mal que hacemos y hasta del mal que sufrimos. Nos reímos incluso de lo que no debemos quizá porque, de lo contrario, no pararíamos de llorar.

En definitiva, nos han contado chistes sobre cualquier cosa sin que ésta mereciera el dudoso honor de convertirse en cuestión de burla... Me los han contado a mí y a vosotros/as también. De eso estoy seguro. ¿O acaso nunca habéis captado y retransmitido un chiste con la temática machista más recalcitrante? ¿Nunca lo habéis hecho respecto a alguna de las múltiples desventajas físicas y psíquicas del ser humano? ¿No habéis ayudado a que una población entera viva bajo el estigma imperecedero de ser estúpida, o tacaña, o embrutecida? ¿Nunca habéis contado un chiste de léperos, de catalanes o de vascos?...

Nadie sabe quién se inventa ese tipo de coñas callejeras que no pasan filtro alguno para hacerse populares, que no se regulan en una redacción editorial, y que me parecen legales aunque muchas de ellas no sean acertadas. Ponerle puertas a este campo del humor resulta sumamente peligroso puesto que, de una forma más que rápida, la tendencia del poder busca utilizar esa puerta campestre para aplicar cerrojo a lo que más le molesta desde que el mundo es mundo: la libertad de expresión. Con sinceridad, prefiero que el Papa católico se exprese en términos de pegar un puñetazo a alguien por mentarle a la madre, a que no lo haga; prefiero que dentro de la libertad de expresión se cuelen los peores enunciados a que, tomando la unidad por el todo, terminen obligándome a cerrar la boca tal y como pretende el gobierno de España con su malparida “Ley Mordaza”.

Pero, volviendo al caso que ocupa este artículo, si bien desconocemos quién da a luz el chiste, yo me atrevo a señalar al entorno que ha hecho que se expandan los más brutales en tanto a ausencia de empatía social, de xenofobia, de misoginia, etc… como es el caso del chiste del cenicero que ha tuiteado Guillermo Zapata. Todo ello, además, sin necesidad de que existiera Facebook, Twitter, etc... pues, como sabemos, nada hay más viral que el humor sea cual sea su ralea. Y me atrevo a señalar esos entornos sin miedo a confundirme porque mi conclusión se sustenta en una lógica sencilla, en una pregunta clave: ¿qué grupos detestan a la raza negra, a los homosexuales, a la igualdad de derechos, a la clase obrera, a los extranjeros e, incluso, ya que viene al caso, a los millones de judios que ordenó asesinar Hitler, ese monstruo al que veneran?

Por si no caéis en la cuenta, os doy una pista: podéis hacerles una foto, capturar un pantallazo, o verlos en la televisión en algún fondo de estadio futbolero, durante cualquier partido, mientras lanzan sus proclamas xenófobas y alardean de su condición ultra. Que yo sepa, salvo que terminen matando a alguien, a estas gentes de mal todo se les permite: su humor, su pésimo humor, su humor criminal.

Lo curioso pero terriblemente real, como ya he dicho, es que el chiste radical y de mal gusto entra en los procesos de radiomacutismo y un mal día te lo termina contando un compañero/a cuya ideología está alejada, completamente, de la de estos grupos fascistas. Pese a su brutalidad, el juego de asociación de ideas con que se crea el humor te lleva a reírte aunque odies haberlo hecho. Y a quien no le haya pasado esto que cuento, que me tire la primera piedra. Yo, desde luego, no podría lanzar ni un chinato. Me he reído con aquello que no debería hacerle gracia a nadie aunque, tras hacerlo, haya colocado el parche moral y haya exclamado:

¡Qué bestia!

Pues bien, de ahí, de este punto acusador que señalo, saco varias conclusiones:

Ver y leer a líderes y fieles seguidores del Partido Popular rasgándose las vestiduras por los tuits de este ignorante político que era -en 2011- Guillermo Zapata, no cuela. 

Sabemos, y hemos visto muy recientemente, cómo a estos neoliberales les gusta levantar el brazo y abrir la manita sin pudor alguno, sin tener en cuenta que el saludo Nazi-Fascista sí es una auténtica ofensa contra la memoria de tanto asesinado/a a manos de la peor secta que haya engendrado una ideología. Y es la peor porque, si tenemos en cuenta que el horror estalinista llegó a su final; el de Hitler, Mussolini, Franco, Videla, Pinochet y tantos y tantos otros dictadores y genocidas, parece no tener fin, se perpetúa del mismo modo que se perpetúa el odio. Alguien me dirá que me olvido de China y su genocidio comunista pero ya os digo que no soy yo quien se olvida. Quien sí lo hace es el Partido Popular, capaz de derogar la justicia universal vigente en España con tal de no molestar a un gobierno que tiene comprado el 20% de nuestra deuda. Por lo tanto, me reitero y les digo a los líderes y fervientes seguidores del Partido Popular: respecto a este asunto del humor sangrante y de mal gusto, a otro perro con tanta vestidura rota. Es en las filas más extremas de la derecha y del Partido Popular donde se destila y difunde esta ponzoña.

También, para finalizar, quiero hablar de la estrategia seguida en este asunto; hablar del contubernio que indagó hasta encontrar algo achacable y hasta punible; hablar del medio que resaltó la noticia de estos tuits y que preparó la celada no sólo a Guillermo Zapata sino a la agrupación política a la que representaba en el ámbito de deportes y cultura: la plataforma ciudadana “Ahora Madrid” que, para ser más concreto, ya rige el ayuntamiento de la capital de España, pese a los ataques execrables e injurias del Partido Popular contra la nueva alcaldesa Manuela Carmena en una campaña de acoso y derribo con sólo dos precedentes similares en España tras la muerte del dictador y genocida Francisco Franco: la legalización del Partido Comunista y la victoria del Partido Socialista tras los atentados del 11M. 

Esta cuestión es de cajón y en él me meto: 

Bien, para analizar los tuits escritos por este señor ─Guillermo Zapata─ y llegar en su búsqueda arqueológica hasta el año 2011; se ha tenido que dedicar a este menester a un reportero/a, especialista en investigación. Su misión: encontrar un trapo sucio de cualquier índole, algún elemento dañino para apuntalar palancas que hagan saltar por los aires la formación "Ahora Madrid". Profundizando en el cajón de la lógica, debo suponer que ese mismo ejercicio y dedicación jurásica se lo habrán aplicado al resto de concejales de dicha formación ─veinte en total─ puesto que en esa cacería, para aumentar el número de presas, no queda otra que aumentar el número de cazadores aunque, al final de la batida, entre todos, no hayan cobrado más que una simple liebre afectada de mixomatosis.

Pues bien, no hay quien se crea que, tras semejante despliegue, la liebre ─¡oh casualidad!─ fuera cazada el mismo día 13 de junio, jornada en la que “Ahora Madrid” asumía la regiduría de la capital de España. No. Esa liebre la tenía el señor Inda, y sus aliados, en la nevera. 

Sabedor de que, de haberla expuesto ante el público cuando fue cazada, no hubiese servido de nada; Eduardo Inda no enseñó ni una patita hasta el momento oportuno. De haberlo hecho antes, se hubiese cambiado al personaje en cuestión, otro concejal hubiese accedido al puesto y la ciudadanía hubiese sentido esas mejoras éticas que solicitamos a los representantes políticos. Pero ni el señor Inda ni su pandilla, tan afín a Doña Esperanza Aguirre ─candidata truncada en su camino hacia la alcaldía de Madrid─, querían mejoras, paz y gloria para ciudadano alguno. Sólo pretendían el empeoramiento, el barullo y la denostación. Pretendían demostrar que la estupidez cometida por un joven hace cuatro años, tan indignado como lo estábamos millones de personas, tan incapaz de vaticinar que llegaría a convertirse en un cargo público, tan 15M… fuera capaz de definir y quebrar las patas de una mesa nueva, de una amalgama de voluntades en pro de la ética en la política, de la transparencia y de la sostenibilidad de sistemas de gobierno alternativos a los que hemos ido padeciendo gracias a veinte años del ejercicio absolutista del Partido Popular.

Estoy de acuerdo en que Guillermo Zapata haya dimitido, pero no sólo por lo publicado en su twitter, ni porque lo exijan los conservadores, los  neocentristas y ese personajillo que es el señor Inda. La dimisión de Guillermo Zapata debe ser un ejercicio docente para que todos comencemos a saber, de una vez por todas, que la ética no se proyecta ni en venganzas, ni en violencias, ni en inculturas, por mucho que alguien, siempre desconocido, las convierta en un chiste de mal gusto que eche a rodar por las calles, convertido en la piedra donde sigamos ocultando nuestra hipocresía. 

Corregir y educar en estos fundamentos logrará que, aunque no podamos evitar ser culpables de nuestro pasado, consigamos, al menos, eliminar la ponzoña y ser inocentes de nuestro futuro.

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