sábado, 5 de noviembre de 2016

DE RATAS

DE RATAS


Se acabó…

De nada sirve a estas alturas rasgarse las vestiduras, lamentarse, llorar incluso… De nada sirve la ilusión por conseguir cambiar nuestra historia, la exigencia de auxilio tantas veces manifestada, la necesidad de cubrir con solidaridad el desastre acaecido tras este delito encubierto que es la presente crisis.

Los representantes políticos esta vez en España, a los que la ciudadanía encargó que se manejasen con los resultados de dos elecciones, nos lo han vuelto a demostrar: en nuestro país debemos pelear con mucha más fuerza contra esa fórmula económica que, pervirtiendo la idea de crear riqueza, genera esta suerte de capitalismo "psicópata" que terminará por destruir hasta la vida en el planeta. 

Lo que hay ahora el segundo gobierno consecutivo de un partido corrupto gracias a Susana Díaz y a la gestora del PSOE es ese “mal menor” que en España se ha convertido en sinónimo de mafia al adoptar sus métodos criminales las grandes corporaciones políticas, financieras y empresariales. Con él tenemos que seguir viviendo. De momento no se puede hacer nada más −hablando en términos legales− que no sea continuar la lucha por un cambio democrático real, orientado hacia la igualdad en todos los aspectos sociales y económicos. 

Sólo eso. 

Aunque nos entren ganas de escupir sobre el resultado con el que se ha abierto este nuevo periodo legislativo, cabía dentro de lo posible que la evolución del juego político determinase la consecuencia más improbable, la menos deseada. Se agitó el bombo lotero y salió traición, derecha y corrupción. Tres partidos políticos, uno de ellos de cero a la izquierda, le han dicho "ajo y agua" a esta sociedad "en pena" que pronto no tendrá para ajo, ni para agua, ni para joderse más, ni, con toda probabilidad, para aguantarse más las desesperaciones. 

Y así estamos. Una población mayoritaria convertida, tras la abstención del PSOE, en población minoritaria; en población a la que, para estos socialistas de librea servil, ni se la vio en las calles luchando sin descanso, ni se les aparece como población harta y agónica gracias a la corrupción de los dos partidos políticos más poderosos de España. Ambos, PP y PSOE −tras cuarenta años de turnarse gobiernos con ese reparto natural que proporciona el bipartidismo−, son dos formaciones políticas con tacha, con mucha tacha, y con una capacidad económica capaz de borrarla mediante “burles” de timador en las sedes judiciales, con trucos en las campañas mediáticas de “nada por aquí para que no miren nunca para allá”, y con la cara pétrea para identificar lo que han necesitado sus formaciones tanto en lo electoral como en sus regímenes internos− con lo que precisa la ciudadanía con urgencia. Ese es su poder. 

El caso más claro de esto que digo ha sido el mantra “el pueblo no quiere unas terceras elecciones” repetido hasta la saciedad y argumentado, de forma falaz, gracias a fórmulas torticeras que en las encuestas siempre han dado el resultado pretendido.

¿Por qué afirmo esto último?

Pues porque, deteniéndonos a pensar, si cualquiera de nosotros consultara a toda la población española preguntando “¿Desea usted que haya unas terceras elecciones?”, se obtendría siempre la respuesta lógica, amplia y contundente del “NO”. Pero si, por el contrario, la pregunta ofreciera la disyuntiva real, la que vivimos y ya padecemos, otro gallo cantaría. 

Me explico: si preguntásemos “¿Prefiere usted volver a votar o prefiere no hacerlo y, así, permitir que le gobierne de nuevo el PP de la corrupción?”, la respuesta y su resultado mayoritario sería muy distinto a todas luces. Sería un “SÍ, quiero votar otra vez con tal de que esto que hemos sufrido no vuelva a suceder" en un porcentaje enorme.

De hecho, por mi cuenta, a través de la página de este blog en FaceBook y de su perfil en Twitter, hice el experimento mediante el siguiente meme:



El meme lo lancé un jueves, en un horario lejano al prime time de las redes y, pese a ello, mi afirmación se hizo viral obteniendo unos datos que dejarían boquiabierto a cualquier profesional del mundo de la opinión y las encuestas. Sólo en la red social de Mark Zuckerberg llegó a compartirse más de 100.000 veces de forma directa. Un espectro mucho más amplio que el de los 5.000 encuestados que reforzaron la idea de que España no quería nuevas elecciones.

Y con esa encuesta, tras el golpe del “Susanato”, en el PSOE intentaron vender a sus bases la conclusión del “mal menor”, de la abstención y del brazo retorcido con el que la gestora del PSOE obligó a votar “SÍ” a diputados y diputadas que querían votar “NO”.

La traición a los deseos solicitados por los votantes de izquierda se consumó ante los ojos de millones de españoles; mujeres y hombres, socialistas con más historia de militancia que la de los miembros de la gestora, que se mostraban atónitos ante uno de los efectos de presión más brutales que se haya vivido en la historia de esta democracia entrecomillada.

Contemplar cómo la posibilidad inaudita se hacía realidad y cómo, al mismo tiempo, se nos condenaba a cuatro años más de corrupción impune, rizaba el rizo de lo razonable: por asombroso que pueda parecer, los inocentes hemos terminado una vez más entre barrotes económicos y los culpables se van de rositas con su licencia renovada para robar.

Que, después de haber cometido semejante acto de felonía, aparezca un portavoz llamado Antonio Hernando −aquel hombre de confianza de Pedro Sánchez que hundió aún más el cuchillo y pretenda convencernos de que el PSOE es la verdadera oposición... no es que sea asunto de risa, es un asunto de auténticas y apestosas ratas. 

En el PSOE, quizá por no haber visto películas del genial Scorsese, no sepan las connotaciones que tiene este animal en el mundo del hampa, pero estoy seguro de que sus nuevos amigos del PP se lo enseñaran con una prontitud presupuestaria.

Tiempo al tiempo.



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