sábado, 4 de septiembre de 2021

CADALSO



Mientras el verdugo nubla la mirada postrera de Julia Heredia y Miguel Pelayo con capuchas de ruda arpillera, el cielo rompe su estela de escarcha para dejar caer los primeros rayos de sol sobre los muros de los pabellones que dan al patio de la prisión. En el centro de la explanada se alza una reliquia funesta que centra la atención de los reclusos. El
 cadalso, donde se celebraran ahorcamientos en tiempos de invasores franceses, es el escenario de la nueva intentona.

Hoy no se salvarán los dos guerrilleros, hoy tienen que morir a toda costa.

Entregados a la incógnita del resultado inmediato, los reclusos se asoman a los minúsculos vanos de sus celdas. La ejecución definitiva o, como ya acostumbra a suceder, la resolución de un nuevo milagro en los estertores de la existencia de los sentenciados, les ha mantenido en vela durante la larga noche y, ahora, como caballos exhaustos, añaden su aliento a la bruma de la mañana y escudriñan con miradas ávidas cada detalle del protocolo. Apuestas y supersticiones han unido suerte en el boca a boca del silencio nocturno. Incluso los celadores más procaces han aceptado algún que otro envite empujados por el fervor de una nueva victoria, la que sea, da igual. El caso es romper cualquier ilusión que les quede a los vencidos.

Y por fin ha llegado la hora y han escuchado cómo el cadalso ha querido vencerse bajo los pies de los sentenciados; y han visto el baile de las sogas, en breves giros concéntricoscomo si evitaran rozarles siquiera; y han sentido todo el pasado del patíbulo que ha permanecido ahí guerra tras guerra y que, podrido, en parte por el tiempo en desuso, en parte por los muchos rigores de ese mismo tiempo, tiembla y se mece al compás de los pasos del clérigo y de su monótono recitar de unos salmos irrelevantes.

Se hundirá, no resistirá el peso de los cuerpos, sus tripas astilladas se vaciarán con el golpe definitivo, con el tenso equilibrio de las gruesas cuerdas de esparto, de los topes, los lastres, los cuellos y las poleas. Toda la plataforma se vendrá al suelo y ambos, Julia y Miguel, escaparán. Quién sabe cómo, pero lo lograrán...

Ya les ha ocurrido, ya lo han hecho, piensan los presos en sus celdas mientras el verdugo corona las gargantas y ajusta nudos y lazadas.

El cielo cubre el amanecer con una capa de estaño y la brisa de la mañana se acera en un viento firme que golpea en las esquinas del patio, se arremolina, se nutre con polvo de arena y hojas muertas y se lanza, así, como metralla infantil, en busca de las gorras de plato y los sombreros de ala que militares y prohombres de la capital sujetan con ahínco, persiguen volanderos o cazan al vuelo. Un viento que sigue su curso desbocado por el patio como el toro que descubre la emboscada del albero. Un viento que se arrastra y sisea y llega hasta los viejos pilares de un cadalso que ya estaba ahí, en el siglo pasado, en el acuartelamiento reconvertido en presidio y en destino de tantos milicianos derrotados por la rendición de otros, de políticos lejanos, de la capital, de este siglo. Políticos que ordenaron resistencia desde el buen cobijo; resistencia de los que no huyeron, de los que lucharon por lo nuevo, por lo justo, por lo futuro. Resistencia de Julia Heredia, resistencia de Miguel Pelayo, resistencia de este viento que turbó el destino de las balas, que cegó al pelotón de fusileros, que herrumbró el torno del garrote y que, por carambola imprevista, indicó el camino hacia el insulto de la horca. Sí, resistencia de este viento que se anuda y repta por los cuatro pilares que sostienen la débil plataforma, que estrangula cada junta hasta arrancar un crujir de huesos, que resina cada vena de carcoma, que retuerce cada tiranta, que afloja cada perno, que silba a su paso por las grietas y que hace tabletear las trampillas bajo los pies de ambos condenados. Este soplar del mismo mundo, esta miríada de átomos de nitrógeno y oxígeno y hojarasca y polvo en descomposición que se lanza bajo la sotana del grueso capellán que, sorprendido, inicia con paso inquieto el descenso de los escalones enfermos, que se agarra a la escuálida baranda con una mano y, con la otra, pelea con los faldones de su hábito empeñados en un volar de campana, en un empujón de fortuna que a un punto está de hacerle caer desde lo alto y romperle, sino el cuello, al menos el cráneo.
 
Lo conseguirán, murmuran los presos y murmura la esperanza; nadie sabe cómo, pero lo conseguirán... De ésta no salen, replica el deseo de los guardias. 

Es entonces, al concluir el descenso del clérigo, cuando el furioso vendaval cede en su intento. La calma se torna en silencio y el eco del patio transporta la voz de la mujer única, la mujer imposible en el penal de hombres perdidos, que se dirige a su compañero con tono decidido, sin rastro de temor, sin queja.

Es entonces, pese a que el rudo saco de arpillera transmuta su musicalidad femenina en brusco orgullo, en sencilla fiereza, cuando la escuchan confesar que nunca hubiese amado a un hombre como él, como el bravo Miguel, de no ser por todo el mal que provoca esa banda de asesinos, de ladrones, de cobardes y traidores que les contempla. Que si han de ser así sus muertes, brama chulesca, muertes peores habrá que la que les espera.

Es entonces, mientras la mujer grita un que os jodan que inunda el patio, y su compañero llora por no merecerla, cuando el oficial al mando hace un ademán breve y enérgico con la cabeza y el verdugo impulsa una palanca y los goznes liberan sus trampillas y, a plomo, caen los lastres y los cuerpos y, con un quebranto de sus cuellos, nada queda de lo que serían y poco queda de lo que eran.

Aliviados, oficiales y autoridades se relajan y felicitan. Estrechan sus manos, intercambian sonrisas y ligeras palmaditas en hombros y antebrazos. El verdugo se dispone a certificar la muerte y a liberar los cadáveres recién ejecutados y el oficial al mando, como impulsado por un resorte invisible, lo intercepta y detiene su propósito.

Déjales ahí tres días, impone, que los huela quien no pueda verlos.

El verdugo baja la mirada, la entierra más allá de los tablones, más allá de su vergüenza y, cauto, obediente y en silencio, se aleja. El oficial baja a reunirse con los asistentes que entablan animadas conversaciones y, sin mirar atrás, se conducen unos a otros hasta el portalón de las cocheras que se abre con sonidos de metal destemplado y les permite salir del recinto. Todos ellos suben a distintos autos hasta que los completan y con los golpes de las portezuelas y el arranque de los motores establecen que la misión se ha cumplido y que cada cual puede volver a ocuparse de sus propios asuntos, pillajes y corruptelas.

Y, así, en lenta y afónica caravana, marcha la comitiva de limpios matarifes dejando atrás el aullido reiterado de los presos que, en jirones de vida, de rabia y dolor,  atraviesa pabellones, ventanales, muros y rejas y reaviva ese viento del patio que escapa y persigue a los asesinos a través del tiempo:

¡Hijos de perra! ¡Hijos de perra! ¡Hijos de perra..., gritan hasta hoy los prisioneros.

lunes, 25 de enero de 2021

LO OBJETIVO, LO SUBJETIVO Y PABLO IGLESIAS








Con la venia, señorías:

Por medio del presente artículo, que adquirirá formulas propias de un alegato de defensa, expongo mi argumentación con la que pretendo confirmar que Pablo Iglesias contestó de forma exacta, y acertada, a la pregunta que realizara el periodista conocido como "Gonzo" en su entrevista del pasado 17 de enero de 2021 para el programa “Salvados”, programa que emite el canal de televisión "La Sexta" propiedad del grupo de comunicación Atresmedia. Más en concreto, defenderé una de las respuestas que supuso el colofón a la breve serie de cuestiones con las que el periodista solicitó al vicepresidente del gobierno que explicase la diferencia entre la calificación de “rey huido” (con referencia al caso por el que el rey emérito Juan Carlos I marchó de España cuando se descubrieron varias irregularidades fiscales, de todo tipo y cuantía, para trasladar su residencia al extranjero pese a que ni la justicia española ni el gobierno español han presentado denuncia contra él); y la definición de un “político exiliado” (con referencia a la situación que mantiene a día de hoy Carles Puigdemont, huido de la justicia española pero puesto en libertad bajo fianza por el tribunal alemán de "Scheleswing-Holstein que desestimó el delito de rebelión y no apreció la consumación del delito de alta traición en virtud de la legislación alemana"). Contestada esta primera pregunta y explicada la diferencia entre la situación y calificación de los dos personajes, a juicio de Pablo Iglesias; el periodista pasó, de inmediato, a una nueva cuestión cuya respuesta futura requería, antes de cualquier matiz y en contraste con la primera, de un "sí" o de un "no" o, de forma improbable, de un "no lo sé" o un "no responderé a su pregunta". Como si fuera el tipo de interrogatorio utilizado de forma común en un juicio, "Gonzo" solicitó al vicepresidente que estableciese si, para él, se podía equiparar como exiliado al citado Carles Puigdemont con los republicanos españoles que sufrieron exilio tras el golpe de estado del Gral. Francisco Franco.

Toda mi defensa se ceñirá a la situación que acabo de describir.

Bien. Para mi alegato recurriré a las siguientes premisas que argumentaré, una tras otra, dentro de cada apartado o en los consiguientes:

a/ El exilio republicano español se dio en todos los sectores laborales, clases sociales y líneas generacionales. Esto no implica que dichos sectores, clases y generaciones sufrieran el mismo destino lesivo. De hecho, y por citar un simple ejemplo, la clase política más reconocible y recordable del gobierno de la República logra “recomponerse” en distintos destinos (París, URSS, Checoslovaquia, México…) y no sufre la misma cantidad de penalidades que padece la amplia mayoría durante la expatriación forzada.

Por consiguiente:

b/ Esgrimir que el exilio republicano no es comparable a cualquier otro exilio por existir diferencias entre lo bélico y lo político, o por lo dañino o menos dañino para la persona exiliada (punto C de esta enumeración), implica categorizar los exilios más allá de las propias categorías existentes.

A saber:

Por un lado, se encuentra la clasificación que atiende al tipo de persecución de la cual se es víctima. Gracias a esta clasificación se establece la categoría política (persecución por motivos ideológicos), la cultural (persecución religiosa) y la militar (conflicto bélico).

Por otro lado, también existe la clasificación que depende del territorio donde obra esa defensa que es el exilio ante la persecución o la represalia. Esta clasificación incluye el “exilio exterior” y el “exilio interior” y establece diferenciación categórica debido a que toda aquella persona inhabilitada para ejercer su oficio u opinión, en su patria, por causa de estar implantado en ella un régimen totalitario, y pudiendo recibir penas de cárcel o muerte caso de incumplir la prohibición establecida; padece también la exclusión que se soporta en todo exilio sin que por ello se deba dar la pauta de la expatriación.

Estas posibilidades de clasificación comparten muchísimos nexos y, pese a ser en la bélica y en la que generan los regímenes autoritarios donde se da lo peor de ellas (y donde se aglutina en las personas la totalidad de los efectos nocivos del exilio) resultaría inmoral ponerlas en una balanza para intentar descubrir qué tipo de causa de exilio supera en grado a otra. Entendamos, como ya he apuntado, que el exilio no es un crimen sino una defensa, y flaco favor haríamos a quien protege sus derechos y su vida si graduásemos las defensas tal y como debemos graduar, y graduamos, lo pernicioso y el dolo de los crímenes que se cometen o se intentan cometer.

c/ Lo recalco: establecer una comparativa del dolor sufrido no puede suponer un elemento diferenciador para considerar la condición de exiliado. Y dicho esto, se puede establecer, en términos objetivos, que el exiliado es lo que su definición académica y el ámbito del derecho establece:

Exiliado: “Expatriado, generalmente por motivos políticos”.

No hay ni más ni menos, se es o no se es y el término no atiende a la graduación pese a estar dividido en categorías que no predominan unas sobre otras. Porque el exilio, pese a dar la oportunidad de sobrevivir a quien lo emplea, no sana el dolor sino que evita un dolor mayor. Lo peor y lo menos malo del exilio siempre entra en ese terreno, el de la subjetividad cualitativa y cuantitativa y lo hace porque el sufrimiento, como señal de los sentidos y como aspecto psicológico de los sentimientos, también es subjetivo. Ninguna persona padece del mismo modo por la misma causa.

El grado de dolor, por tanto, no elimina la condición de exilado a nadie. No podemos caer en la trampa, en el falso discurso, que, tal y como está ocurriendo tras las declaraciones de Pablo Iglesias, pretende expresar lo siguiente: “si en el el exilio no lo pasas muy mal, exageradamente mal, no eres exilado o eres exiliado, pero poco”.

Este enunciado ridículo refleja el gran efecto colateral de lo expresado por el vicepresidente y se emplea de forma constante con cientos de condicionantes que nos califican y a los que no damos importancia por no estar bañados con esas emociones que son el dolor, la añoranza y, en consecuencia, la tristeza por lo ocurrido a las personas y al propio concepto de la justicia. Estudios, trabajo, cualificación, procedencia… Un estudiante de medicina es tan estudiante como uno de educación física, un ingeniero es tan trabajador como un barrendero, un sobresaliente cum laude es una calificación del mismo modo que lo es un suspenso y quienes nacen en Extremadura son tan españoles como quienes nacen en Cataluña o en Ceuta. ¿Por qué? Porque estamos tratando de conjuntos y no de otra cosa. Gracias a ellos, a los conjuntos, seleccionamos, diferenciamos y, con solo echar un vistazo a la incesante campaña crítica originada tras la pregunta comparativa de Gonzo, caemos en trampas dialécticas. Me explico: si el periodista hubiese formulado la comparación sin buscar la celada mediática, los términos de su cuestión deberían haber sido los siguientes:

“¿Considera usted que Puigdemont padece las mismas penurias que sufrió el gran grueso de la población exilada debido al golpe de estado franquista?”

Así de sencillo. Si la cuestión hubiese sido ésta, la respuesta de Pablo Iglesias, y la de cualquier persona con un mínimo de conocimiento sobre la historia del exilio republicano español, hubiese sido “no”.

De este modo funcionan los conjuntos; cuantos más matices añadimos a la hora de crearlos, más selectos los hacemos, más los diferenciamos y menor es nuestra posibilidad de convertirlos en algo ambiguo. En contraposición, si los generalizamos, perdemos la especificidad, esa capacidad de ser más específicos de forma progresiva.

Al margen de esta obviedad, no podemos incurrir en esa trampa falaz porque tras ella se encuentran otros discursos semejantes a los que, imbuidos de sentimientos y no de razonamientos, abrimos amplias puertas y damos paso a discursos demagógicos (algunos ya instalados en la mentalidad colectiva) que, por poner un ejemplo conocido, aseguran que no se puede vivir con holgura siendo de izquierdas; que solo el pobre puede entender al pobre, que si el pobre escapa de la pobreza olvida su anterior condición y lucha, y que en definitiva, por emplear la misma argucia que el periodista "Gonzo", alguien con un buen sueldo no puede tener el mismo pensamiento progresista o ser tan de izquierdas como alguien con un mal sueldo.

Metodología que simula lógica, pero que solo es un trampantojo argumental.

Porque todos estos alegatos se formulan gracias al mismo artificio dialéctico de la comparativa simple, esa que pide que se determine, con un sí o con un no, si es lo mismo un gato que un león. Cuestión ésta que un personaje político de alta responsabilidad, caso de plantearse en una entrevista improbable, no debería resolver con semejante simplicidad -la del sí o el no- porque al hacerlo metería el pie en todos los cepos posibles tal y como le ha ocurrido al líder de Unidas Podemos.

d/ Por último, recordemos, y esto es importante, que una ley puede quedar establecida y no por ello ser justa desde el punto de vista ético o no atenerse a derecho en diferentes tribunales de orden superior. De hecho, y ya que estamos dando saltos en el tiempo, ¿cuántas leyes franquistas se debieron incumplir?... Hago esta pregunta retórica por no recurrir al ejemplo nazi (el más aciago de la historia de la humanidad) y a las sentencias de Núremberg que mandaban al traste toda aquella argumentación falaz de la “obediencia debida” a la que se agarraba la defensa de los jueces nazis. El principio que anulaba tal patraña es sencillo: la ética del ser humano debe prevalecer, y prevalece, sobre la redacción, imposición y aceptación de la ley. Porque sí existe algo que se sitúa por encima de las leyes concebidas por la humanidad: la diferenciación ancestral entre el bien y el mal de donde emana el propio concepto de justicia.

Llegamos de este modo al campo más peligroso de todos:

Carles Puigdemont en el ámbito de la justicia española (la cual, como sabemos, aún sigue sin renovar el más alto organismo de los jueces debido a causas que desvelan la motivación política sesgada que la corrompe de forma absoluta) es calificado como prófugo y pesa sobre él orden de detención y entrega, una especie de búsqueda y captura, aunque no es necesario buscarle pues todo el mundo sabe dónde reside: en la localidad belga de Waterloo, fuera de España y fuera de Cataluña, la que él considera su única patria.

Ya de arrancada, que se conozca hasta la dirección de su vivienda actual y que aún así no sea detenido por la justicia española, la cual, en el sumun del despropósito, retiró la única denuncia por la que el tribunal alemán había admitido la extradición de Puigdemont (la de malversación de fondos); debería situarnos en el contexto de la realidad, el que es y no el que tanta gente desea que sea. ¿Por qué se da esta situación tan llamativa? ¿por qué no se presentan unas personas uniformadas mostrando papeles, órdenes y sentencias de los juzgados españoles y lo detienen? Como de costumbre, la respuesta más sencilla acude para solucionar estas cuestiones: porque no pueden. Y no pueden porque existe un tribunal europeo que mantiene que lo dictaminado por el sistema judicial español en lo que toca a las acusaciones a Carles Puigdemont por delitos gravísimos como el de rebelión y el de traición, no se sostienen en el ámbito legal europeo. Y, pese a esto, el político catalán no puede regresar a su país, o a su patria, o a su hogar, o a su trabajo, o al desempeño de sus funciones intelectuales porque sería detenido y encarcelado del mismo modo que detenidos y encarcelados se encuentran los conocidos como “presos del procés” desde hace años.

Imagino que, a estas alturas, ya no es necesario que recuerde las claves que definen como exiliado a un individuo… Son las mismas que se deben aplicar al antiguo presidente catalán sin lugar posible a la duda. Por lo tanto, y de forma categórica, Pablo Iglesias acertó al equiparar al exiliado Puigdemont y a los exiliados republicanos españoles en la entrevista que concedió al programa "Salvados". No solo acertó Pablo Iglesias, acierta la lógica, la teoría de conjuntos, la RAE y, por supuesto, la Declaración Universal de los Derechos Humanos en sus definiciones de cada categoría de exilio...

Señorías, ya concluyo, pero antes quisiera recordar a los presentes, antes de abandonar la sala, la variable tipificada como “exilio interior” que he comentado con anterioridad. Es imprescindible que no olvidemos que esa triste realidad también existió tras la victoria de los golpistas en España: el exilio republicano español no solo se vivió fuera, también se vivió dentro; y si tuviésemos la tentación de volver a valorar penalidades, tristezas y todo tipo de injusticias criminales llevadas a cabo en España durante un cómputo de cuarenta años, quizá muchas personas que se han sentido agraviadas por la afirmación de Pablo Iglesias volverían a coserse las vestiduras.

sábado, 19 de septiembre de 2020

OBJETOR CONTRA LA INCONSCIENCIA (LA PALABRA)







Hace unos pocos días, ante un reto lanzado por Macarena Olona, diputada cutre y fascista (lo uno no está reñido con lo otro); el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, escogió arma para el duelo propuesto (y pospuesto para una semana más tarde) y se decantó por la palabra.

Utilizaré la misma, el uso de la palabra, con el ánimo de desmontar todo lo ocurrido durante los últimos cuatro días en la Comunidad de Madrid. No iré más atrás en el tiempo porque los acontecimientos, en este periodo pandémico que padecemos, se han convertido en página donde envolver pescado y, al final, con sesgos informativos o sin ellos, los habitantes de esta España nuestra estamos al tanto de la realidad ocurrida pese a que cada cual arrime los hechos demostrables a la sardina preferida.

Esos cuatro días atrás serán más que suficientes para que podamos entender otras palabras: las que nos colocó ante las narices Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en el debate sobre el estado de la región. Las mismas palabras que ayer, viernes día 18 de septiembre de 2020, nos impuso, filtrando mensajes de tapadillo, a los barrios modestos de Madrid. Todo ello con el apoyo incondicional de su acólito, el Sr. Ignacio Aguado.

Porque, cuando se dice lo que estos dos esbirros dijeron ayer, no sólo se imponen medidas, se imponen mensajes, ideas, palabras que son algo más que meras palabras…

Recordemos y pensemos en consecuencia.

Martes 15 de septiembre.

Los datos sobre la infección en Madrid son contundentes pese al “jet lag” informativo que permite reducir las cifras. 1.207 contagios en la capital. Habrá quien piense que esta cifra no es motivo de pánico si tenemos en cuenta nuestro recorrido pandémico, pero, si atendemos a ese recorrido, se debe señalar que el “Estado de Alarma” se decretó en España cuando los contagios no superaban las 5.000 personas (reconocidas, los test serológicos llegarían bastante más tarde). ¡En toda España!

Sin embargo, aquí estamos. Incapaces, una vez rendido ese estado excepcional por el que se nos confinó durante tres meses, de pronunciar la palabra necesaria, la que describe la medida eficaz tal y como se ha demostrado con amplitud; el término “confinamiento”.

De esa palabra, y de todo el juego dialéctico, estratégico y semántico que encierra, iré tratando a lo largo de este análisis.

Recuperemos ahora el discurso del martes de Isabel Díaz Ayuso, durante el debate regional, en el cual pronunció las siguientes argumentaciones: 

“Es evidente que, sobre todo, los contagios se dan en los distritos del sur. Claro, eso lo dicen nuestros estudios serológicos. Luego los estudios están funcionando. Para lo que quieren cogen los datos (en referencia a los datos que utilizan los partidos de la oposición). Y sí, efectivamente, se están produciendo entre otras cosas por el modo de vida que tiene nuestra inmigración en Madrid”.

Eso dijo.

De una tacada, nos golpeó con una sentencia clasista (el sur contagia); racista (el modo de vida de los migrantes contagia); xenófoba (el migrante contagia); y aporofóbica (el migrante que no vive en el norte, el que no es rico, contagia). Del tirón, sin hidro-alcohol ni guantes de látex.

Pero lo que dijo en esa apología del ideario de ultraderecha, visto lo visto, ¿fue un error estratégico o la consecuencia de otro debate sin cámaras, el de las medidas que se iban a poner en práctica?

Para encontrar respuesta a esta pregunta debemos pasar a los detalles del siguiente día, no sin olvidar que Díaz Ayuso, durante su intervención del lunes 14, también se sacó de la chistera ultraliberal otro conejo muy conocido: la rebaja de impuestos cuando los impuestos son más necesarios.

Miércoles 16 de septiembre.

Este día ocurre un hecho insólito que provocó una estampida mediática: el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero (la alternativa a la dimitida Yolanda Fuentes que, en su momento, avisó sobre que la decisión de cambiar de fase “no estaba basada en criterios de salud”); manifestó en rueda de prensa que en la Comunidad se llevaría a cabo un confinamiento selectivo. También dijo que se lo había hecho saber a la presidenta Díaz Ayuso mediante un mensaje vía whatsapp, con lo que dio idea de cómo se gestiona la coordinación de la CAM y dejó claro un hecho: la presidenta estaba al tanto de la decisión.

Horas después, el consejero de justicia, Enrique López, desdecía a su homólogo de salud indicando que se había cometido un error al pronunciar la palabra “confinamiento”. Sí, otra vez el término fatídico.

Pero hay dos puntos claves que se deducen de estos hechos ahora que sabemos lo que sabemos. Dos puntos que demuestran cómo se pretendió ocultar semejante plan a la ciudadanía de los distritos del sur de Madrid.

El primero es que el confinamiento selectivo sí se ha producido y que, por lo tanto, siempre fue la idea original pese a las rectificaciones posteriores.

El segundo nace del anterior: si siempre fue la idea original ¿por qué desdecirla tirando del departamento de justicia de la CAM? Para contestar a esta pregunta, sólo cabe una explicación centrada en la estrategia política: la medida impronunciable sólo se ha proclamado porque Pedro Sánchez se ofreció a Ayuso para mitigar el impacto de la miserable gestión de la pandemia que ha llevado el gobierno de ésta. Por decirlo de otro modo: lo que se ha procurado es crear la falsa sensación de la responsabilidad compartida. A buen seguro, si Pedro Sánchez no se llega a ofrecer, nos hubiesen agravado el problema con tal de evitar un titular: “Díaz Ayuso confina el sur de Madrid”. De repente, el titular era otro "Sánchez ayuda a Ayuso a confinar el sur de Madrid". De facto, desde el anuncio, nos han llenado de titulares con apoyo policial y apoyo militar por parte del gobierno.

Hasta tal punto llegó la inconsciencia e incompetencia del equipo de Díaz Ayuso que, en los dos días posteriores, se retrasó la reunión con los alcaldes de las poblaciones más afectadas de la CAM, y, el mismo viernes, llegó a posponer hasta tres veces la comparecencia ante los medios. Lo que intentaron disimular aduciendo “complejidad jurídica” no era tal ya que, como demuestran los hechos, se trataba de la idea original, la del mensaje de whatsapp, la que ya habían analizado... Entonces ¿qué motivaba los retrasos? Se estaba ganando tiempo. Ahora parte de la culpa se la podían colgar al presidente Sánchez y sabían cómo, pero lo que analizaban era el porqué. ¿Por qué Sánchez había elegido ese momento para tender una mano al rival?

Jueves 17 de septiembre.

El día que comienzan las clases de forma mayoritaria, la presidenta Díaz Ayuso exige a su hombre del milagro de IFEMA, a Antonio Zapatero, que grabe un vídeo pidiendo disculpas por el asunto de la palabreja “confinamiento”. Éste se niega y en su lugar aparece Ruiz Escudero diciendo cualquier cosa que no sea ese término.

Queda claro que se están recibiendo órdenes desde la cúpula del PP. El partido de Casado no puede tener nada que ver con una medida que ha criticado y bombardeado sin cesar durante los meses más duros de la pandemia. De hecho, se debe recordar que el factor principal que precipita la conclusión del estado de alarma es la falta de apoyo de Casado a la medida sin precedentes. ¿Cómo explicar a los reducidos votantes del PP madrileño, a aquellos que salieron día tras día cacerola en mano, que el PP ha seguido el camino de las baldosas rojizas? Casado no puede dar ese paso. Por el contrario se dedica a esparcir mensajes contra los ocupas atacando a Pablo Iglesias con argumentos de casoplón. En la retaguardia, los equipos estratégicos de Ayuso y Casado echan humo buscando una solución, un mensaje para las redes sociales, para sus bots de repetición.

Y, de repente, aparece la mano salvadora de Pedro Sánchez. En un movimiento estratégico cuyo alcance poco se ha calculado aún (he trabajado con Iván Redondo, el estratega de Sánchez en la actualidad, y es tela marinera lo que tiene en la mente ese muchacho), el presidente del estado ofrece su colaboración enviando la famosa carta a Díaz Ayuso. Una carta que publica la Sexta en exclusiva. Una carta que tenía el medio antes que la propia presidenta.

Más humo en la cabeza de los estrategas del PP madrileño y nacional. Miguel Ángel Rodríguez no tiene tiempo de cálculo estratégico, han prometido medidas para el viernes. ¿Qué hacer al margen de exculparse y culpar?

Díaz Ayuso tuitea: “Madrid ha estado demasiado sola”. Después acepta la ayuda mediante otra carta. Ignacio Aguado habla de bajar las pistolas políticas, aunque no cesa de dar navajazos sin ton ni son. No obstante, ante el pasmo de la prensa y la población, se decide que la reunión necesaria no se celebrará hasta el lunes. “¿Por qué?”, se preguntan en todas las redacciones, en todos los hogares.

Una vez más, la lógica política (que no humanitaria) responde a esta cuestión: el gobierno de la CAM tiene que dar la cara el viernes, contar la realidad, quitarle la careta a su plan original: el confinamiento selectivo. No olvidemos que, al día siguiente, hoy sábado dentro de unas horas, el presidente tiene entrevista en La Sexta, pero antes los barrios confinados deben reaccionar, comenzar a organizarse para una gran movilización. La entrevista, seguro masaje de pies de Iñaki López, será el toque de corneta en el instante preciso, la caballería del PSOE salvará Madrid y eso no se olvidará durante años. (Me la juego aún cuando faltan minutos para su emisión)

Ese mismo jueves, como he dicho, habían comenzado las clases para niños y adolescentes y, sin saberlo, todos ellos estaban en un tablero de ajedrez obsceno. Ese jueves, aunque mis hijos precisan normalizar su vida y relaciones, me negué a que acudieran a clase. Objeté contra la inconsciencia para proteger a mi familia.

Abro un breve paréntesis para destacar un hecho que atañe a este último punto, a mi objeción contra la inconsciencia.

Cuando llegó la pandemia, la medida más acertada que, según mi criterio, tomó el Gobierno Central; fue sacar a los jóvenes en general de los centros de estudio. Como en cualquier desastre, la juventud primero, claro que sí. Salvar a la juventud es salvar el futuro. Y, por esa razón prioritaria (sin duda hubo mas), la medida se tomó antes de confinar al resto de la población.

Sin embargo, ahora que sabemos que otro tsunami (llamar "ola" a lo que ocurre es un terrible eufemismo) vuelve para destrozar los restos del naufragio, se nos dice que con determinadas medidas "burbuja" los centros de estudio son seguros. Esa es la teoría y la teoría no la discuto. Pero sí discuto las realidades desde la previsión y el estudio del comportamiento. Y una de ellas es que hemos conformado una sociedad irresponsable (generalizo sin temor), dependiente del soma diario como felices “fordianos” que somos, y, a nada que podemos, buscamos satisfacer los múltiples vacíos que registran nuestros centros del placer. Eso que nos ocurre a los adultos, a la infancia y la adolescencia, en pleno aprendizaje experimental de los límites, le ocurre más. Si los adultos somos imprudentes cuando creemos que no nos vigilan, la juventud es imprudente aunque la vigilen. Somos así por naturaleza.

Por lo tanto, he de decir que la vuelta de la chavalería al sistema presencial de educación me parece una verdadera locura. Y no digo esto por su capacidad de pasar de puntillas por los dolorosos síntomas de la enfermedad cuando se da en adultos, sino por su capacidad para transmitir el virus siendo asintomáticos y, por lo tanto, agentes secretos de la pandemia.

El único factor que se me ocurre para justificar este cambio de criterio surge, también, de todo lo dicho por "el trío de Correos": con los chavales en el cole es más sencillo acudir al trabajo. En el parque no, en el cole sí....

Cierro paréntesis.

Viernes 18 de septiembre.

¿Qué decir que no se haya visto, escuchado, leído sobre el discurso y rueda de prensa de Isabel Díaz Ayuso, Ignacio Aguado y Ruiz Escudero? ¿Qué decir que no haya dicho yo mismo?

Me limitaré a exponer los mensajes ocultos en los discursos de los tres ineptos, recurriendo a un hilo de twitter que publiqué el mismo viernes tras la comparecencia y que titulé “Ya está bien”.

Esto es lo que escribí (con las correcciones que Twitter no permite):

He revisado dos veces la intervención de Ayuso, de Aguado y de Escudero y sigo sin salir de mi estupor. Y es que, entre tanto batiburrillo, han deslizado varios mensajes, así, como diciendo "no se van a dar cuenta".

Para empezar, no han dicho las palabras mágicas que tienen que ver con una eficacia sanitaria de la cual carecemos en Madrid: incremento real de rastreadores, contratación de personal sanitario especializado, dotación de personal en los centros de salud primaria. De eso nada.

Al contrario, la culpa es tuya y de tu ámbito familiar. Y, así, deslizan el mensaje ya escuchado sobre el "modo de vida" porque, claro, estos descuidos, según Ayuso, sólo ocurren en las 37 zonas reguladas. En las otras, las zonas de cayetanos, no. ¡Mucho ojo a este mensaje!

Y esto lo saben porque, según Ruiz Escudero, tienen perfectamente monitorizados los Centros de Salud.
¿Qué centros de salud? ¿Los del jet lag informativo? ¿Los que ya no dan más de sí? ¿Los que carecen de rastreadores? ¿Los que no pueden coger el teléfono?

Pero les da lo mismo. Tú no te muevas mucho porque, según el infame Aguado, tienes dos opciones: ser virus o ser vacuna. Tus opciones, pobrecit@ obrer@.
En los barrios y municipios privilegiados, todos en conjunto, son vacuna.
Cayetano bueno, currito malo.

¿Y cuál es la excusa de esta segregación?
La economía una vez más. La economía que nos ha llevado a este lío tras salir del Estado de Alarma para salvar la economía.
¿Círculo vicioso?
No lo hubiese sido si durante el verano esta gentuza hubiese reforzado el sistema sanitario.

Pero ¿qué economía salvan curritos y curritas? ¿La nuestra o la de los cayetanos saludables?
Porque, salvo excepciones, la de los trabajadores por cuenta ajena está fastidiada de narices y es el asociacionismo vecinal lo que la protege. No, Ayuso protege la economía cayetana.

Y no voy a entrar en la lógica de estas medidas porque daría para un libro.
Solo he de señalar que restringid@ en tu barrio/municipio eres vacuna, también cuando vas a currar...
Pero si llevas a tu hij@ al parque eres virus.
¡Lo han dicho! ¡Pero de tapadillo entre palabritas soeces!

Y ya esta bien.
Si peligra la salud, confinamiento. De tod@s, sin segregación.
Si es una cuestión de ineptitud, que lo es, dimisión ya y convocatoria de elecciones. Y, si no hacen caso, nunca tuvimos la posibilidad de mantener una Huelga General más tranquila y saludable...

Éstas fueron mis conclusiones tras semejante tropelía. El confinamiento selectivo, el termino y la medida, la segregación, lo que nunca quisieron decir pero que siempre fue el plan, el del whatsapp; se había producido y proclamado para instaurarse el próximo lunes, día 21 de septiembre de 2020. Un día para la infamia que no debemos permitir que se produzca.

Ya sé que cuando he mencionado "Huelga General" os habréis llevado las manos a la cabeza. ¿Y la economía qué? ¿De qué vamos a vivir si nos paramos?

Os contestaré a todos y a todas con otra pregunta ¿cómo vamos a vivir si no paramos, si aceptamos el gueto como método sanitario, si nos contagiamos nosotros, nuestros hijos e hijas, mientras el norte crece a expensas de nuestro riesgo, si dejamos de ser interesantes como seres humanos y solo interesamos como mera mano de obra?

Conceptos y derechos que siempre debemos defender están ahora más en juego que nunca.

Las casas de apuesta seguirán abiertas, tienen permiso operativo (ya sabéis a quiénes pertenecen); pese a lo que está ocurriendo, pese al riesgo que te exigen que asumas para salvar su economía… ese permiso es la mayor y la más maligna metáfora de lo que quieren para ti, de lo que nos espera.

Todo por una moneda, por un cara y cruz estratégico con forma de palabra.

jueves, 21 de mayo de 2020

EL HUMO EN LAS TRINCHERAS




Mantengamos los pensamientos claros. Distingamos entre el humo del rastrojo para descubrir el verdadero incendio.

Esta marioneta absurda que es Isabel Díaz Ayuso no es que vaya contra el gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos; va contra la salud y los derechos de los madrileños. Y lo hace en pos de un interés, el interés de unos particulares muy concretos y muy localizables gracias a las fotos y vídeos de escopeta nacional que se están haciendo por las calles del rancio Madrid. No es una opinión. Es un hecho. Algo que se puede constatar con solo seguir el reguero de sus actos contra los principios sanitarios, de sus justificaciones de pizzería barata y de sus mentiras mitómanas promovidas urbi et orbi durante la singularidad de estos dos últimos meses. Y mucho ojo que aquí se debe reconocer su valía: ha cometido más desastres en la gestión de la CAM en sesenta días de confinamiento, que propuestas ha llevado a cabo en un año al frente de la Asamblea de la Comunidad. Con solo mencionar que su Directora de Salud, la que organizó el hospital de derivados en IFEMA, dimitió por no plegarse a sus requerimientos y firmar ese paso a la siguiente fase; queda aclarado el asunto.

Sacar a colación apartamentos de lujo a precio de saldo; clausuras de IFEMA con patada a 10.000 sanitarios; comidas basura para la descendencia de los más dañados; aviones perdidos y de hallazgo tardío e incompleto; mascarillas inservibles a coste de oro; subvenciones desaparecidas y la dolorosa noticia del pago de 7 millones de euros a la ACS de Florentino Pérez por los servicios prestados en tiempos de la muerte geriátrica; es muy necesario, es imprescindible, pero, para ella y para quienes la sostienen y financian, es el humo necesario, el humo que ciega nuestros ojos.

Tú no la importas. Ni la importas a ella, ni al PP madrileño, ni al nacional, ni, por supuesto, a Vox. Eres un número entre cientos de esquelas. Una figurita que deja de moverse si la miras desde la altura de la noria de “El tercer hombre”. Eres el atropellado en esa falacia comparativa, en ese discurso miserable de quienes explican, imitando a Trump, que es lo mismo el espacio improbable del accidente automovilístico que el espacio más que probable del contagio masivo. Con el discurso de esta gentuza, se va a tomar viento toda la probabilística y estadística analizada desde que se concibió la matemática aplicada.

¿Por qué lo hacen? ¿Por qué difunden semejante argumento enfangado en una lógica aparente pero inexistente? ¿Por qué incitan a la protesta en las calles de aquellos que, de forma histórica en tiempos de democracia, sólo se manifiestan cuando les tocan, o les desmontan, los principios amorales del nacional-catolicismo cavernoso de esta país que es España? Por una sencilla razón. Porque están al servicio del amo de la fábrica de coches y, en este caso concreto, al servicio del núcleo duro del turismo madrileño. Un lobby que no quiere reformas estructurales y laborales en el sector porque no desea que le impongan una verdadera calidad de cara al cliente, de cara a la reconversión económica de dicho sector y, ante todo, de cara al empleado. Un lobby que no desea reformas porque suponen un gasto que mejor se queda en la caja propia, aunque, a largo plazo, cercene su futuro. Pero abramos los ojos: en el mundo de los lobbys ¿quién piensa en el futuro? No te engañes. En el terreno de los grupos de presión se juega a lo inmediato y, en este “ahora”, están a punto de perder la campaña de verano. Algo que en Madrid, aunque los foráneos piensen que la capital no vive del turismo o que no vive de él durante el caluroso verano, supone unas pérdidas millonarias.

¿Son tus pérdidas? ¿Afecta a tu remuneración? ¿Atañe a tu trabajo esclavo consolidado tras la crisis del 2008? Sí, pero no. Porque tú, si se salen con la suya, vas a estar peor, mucho peor. Vas a exponerte, vas a contagiarte y vas a contagiar a tus cercanos. Tú sí, ellos, los de Núñez de Balboa, los Moralejos, no.

Sobre este punto, te planteo unas sencillas preguntas.

¿Cuántos de esos que le dan a la cacerola crees que han fallecido debido a la pandemia? Me adelanto a tu búsqueda en Google. El análisis de la influencia por sectores poblacionales, en lo que toca al tipo de rentas, arroja una respuesta clara: las clases medias y bajas son las que caen, las que mueren con amplia diferencia respecto a las clases altas. Otro interrogante: ¿Cuántos de los Cayetanos caceroleros se suicidaron durante la inconclusa crisis financiera que sufrimos desde hace doce años? Te lo digo yo, aunque, en tu fuero interno, conoces la respuesta. El dato es contundente: ninguno. ¿Cuántos de ellos se forraron con esa estafa hipotecaria de las subprimes? Más contundencia: todos. De forma directa e indirecta, pero lo hicieron todos sin ninguna duda a este respecto. Ellos sí, pero, parafraseando a Serrat, tú no, tú no, tú… no.

Tú a lo de toda tu vida: a interiorizar que se acabaron tus derechos salariales; a aceptar la quiebra de los derechos constitucionales; a ver cómo vuelves a depender de tus padres o de tus abuelos, o del pequeño patrimonio familiar ahorrado durante generaciones familiares a base de mucho trabajo, de mucho sufrimiento; tú a dilapidar tu futuro, tu educación, tu sanidad, todo lo público, todo aquello que sufragan unos impuestos que ellos no padecen porque no pagan en justa proporción.

Y, sin embargo, el Think Tank del PP, con Pablo Casado abanderando, Isabel Díaz Ayuso defendiendo el fortín corrupto en la capital, y Aznar en los fogones; repite el mantra trumpista; el argumento comparativo entre lo accidental y lo probable. Sin ir más lejos, el miércoles, día 20 de mayo, Pablo Casado exponía el pernicioso argumento en el debate para la ampliación del estado de alarma. Eso sí, llevándolo aún más a la derecha, no vaya a ser que, en una de estas, le gane su socio Abascal la posición de la oposición canalla: “Evidentemente, retorció, se evitan contagios encerrando en casa a 47 millones de personas al igual que se evitan accidentes laborales y de tráfico…” Con absoluta fachatez lanzó esta frase en sede parlamentaria. Porque ¿qué más da dónde se diga una falacia si, total, lo que se busca con ella es que el mensaje diseñado llegue y empape al mayor número de mentes despistadas? ¿Qué importa el foro si lo que se busca es implantar la idea de que debemos seguir viviendo, aunque muramos los de siempre?

Tú sí. Ellos, los dueños de la fábrica de coches, no.

De este modo, con estas tretas dialécticas, desvían tu mirada sobre la cuestión de fondo. ¿Por qué este movimiento de exaltación fascista precisamente ahora? ¿Por qué no en el pasado, en el 2008, cuando la economía mundial se iba a la mierda? ¿Por qué envían a sus huestes a los barrios obreros en busca de la confrontación, de la chispa mediática que genere el verdadero incendio? La respuesta concreta a estas preguntas, que parece evidente dicho lo dicho, es más que oscura, es tremenda para sus intereses, es aquella que se debe ocultar a tus ojos, es aquella que, sea como sea, tú no debes percibir de ninguna manera...:

Verás, esta vez, la naturaleza de la crisis es otra, es distinta a la de las hipotecas basura que nos vendieron; esta vez no es el resultado de su juego de póker especulativo; esta vez no se trata de un chantaje a los gobiernos del mundo que, como sabemos, se vieron forzados (con pequeñísimas y loables excepciones) a rescatar su sistema financiero con nuestro dinero y con los créditos que también paga ese mismo fondo, el de tu bolsillo, el de la caja salarial del currante. No. Esta vez ha sido un virus, un aleteo no pronosticable de la naturaleza, algo fuera de cualquier plan económico de las grandes fortunas y de las empresas que conforman los índices bursátiles, llámense IBEX-35, Dow Jones, CAC-40, DAX, etc, etc, etc… No, esta vez los cálculos de probabilidades económicas no han detectado lo que nos ocurre.

¿Y qué es eso que nos ocurre? ¿Que sufrimos una pandemia global? ¿Algo comparable a los futuribles efectos del calentamiento global que tan poco les importa a los gestores de todos los índices?

Sí, qué duda cabe. Pero, también, y aquí estriba la diferencia, esos gestores y sus gestionados ahora sufren otro efecto del que no dicen palabra: el de la mayor huelga general jamás pronosticada. Una huelga global sin previo aviso; estipulada, no convocada, por las organizaciones y los ministerios de salud de todo el planeta. Huelga global con servicios mínimos, con proyectos de rentas vitales para los más perjudicados, con ayudas para la viabilidad y resistencia de las pequeñas y medianas empresas, con pagos a los autónomos, con ERTES y no ERES… Una especie de paradoja en la cual los gobiernos progresistas (y algunos que no lo son, pero que actúan y asumen medidas similares de cara a próximas elecciones) están actuando como verdaderos sindicatos, protegiendo a las clases trabajadoras para que no incumplan su parón, para que resistan el hostigamiento del impago salarial y para que se atrincheren en aras de la salud general. Sí, trinchera, no encierro. No caigamos en otra argucia dialéctica. Tengámoslo claro. Tú (nosotros) lo que haces es defenderte, protegerte junto a los tuyos. Una defensa regulada, y muchas veces improvisada, según varía el comportamiento de los múltiples enemigos; una defensa que ellos, los dueños de la fábrica de coches, han detectado como un ataque, el de una huelga global inimaginable.

Ellos saben qué ocurre, tú, al parecer, no.

Ésta es la razón que motiva las algaradas fascistas, una huelga global que les machaca los intereses. La fábrica de coches no produce, no vende, y una inmensa mayoría puede percibir (porque esta nueva crisis se lo está constatando), que no se necesitan ni más coches, ni más petróleos, ni más gases, ni más carbones, ni más coltanes que los imprescindibles. Y, ya de paso, en un alarde, todo este movimiento también podría entenderse como una nueva revolución industrial y tecnológica, transmutable a las políticas de los gobiernos progresistas que, del mismo modo que la sociedad vulnerable, pueden apuntar hacia esa diana que en las grandes reuniones de mercadotecnia se denomina "nicho de mercado", aunque la vendan con el eufemismo “ventana de oportunidad”. Las energías alternativas, saludables, sanadoras… Un mirador desde donde buscar el enorme beneficio de la industria de la salud y la ecología; donde descubrir que se puede innovar y generar miles de puestos de trabajo en sectores relacionados con la investigación, con la reforestación, con la alimentación saludable, con la cultura no especulativa, con la educación universal y de calidad, con la microbanca ética, con el reciclaje no contaminante o con la conservación de lo necesario… En definitiva, con la reconversión de todos los sectores económicos destinándolos al bien común antes de vernos abocados a cruzar la última frontera, la última ocasión que nos brinda el futuro. Algo a lo que filibusteros como Aznar, Pablo Casado, Díaz Ayuso, Abascal y su escisión del PP; tildarán de sistema bolivariano, venezolano o comunista utilizando sus definiciones favoritas por el rechazo adoctrinado que provocan. Una falacia más porque, ante todo, lo que implica esta reconversión es un posicionamiento a la vanguardia de lo que va a ser necesario por imperativo natural; la única fórmula de equilibrio entre la salud general, la salud de los ecosistemas y el reflote de una economía que nunca podrá perder de vista la competitividad para mantener la espiral virtuosa. Un plan esperanzador y realista que significará una patada a las múltiples herencias de aquella lejana revolución industrial del siglo XVIII. Más a las claras: ese cambio estructural que tanto temen quienes no hacen nada por frenar el mal que nos ha llegado y que, con total seguridad, nos va a llegar desenfrenado y apocalíptico.

Me atrevo a decir que la nuestra, la enorme sociedad no acaudalada, la sociedad de currantes que temen por la pérdida de su puesto de trabajo indefinido (ojo al calificativo); la sociedad de quienes alternan trabajos basura día sí día también; la de los propietarios y socios de PYMES muy pequeñas; la de los autónomos siempre maltratados por una cuerda floja con forma de soga; esa sociedad entregada, luchadora y comprometida de verdad con un país al que ama y respeta sin necesidad de un baile de banderas; esa sociedad  integradora, no excluyente, que constituimos los demás… está muy entrenada en el honrado ejercicio de saber aguantar. Supimos resistir tras lo que nos hicieron años atrás y, pese a la pérdida de innumerables vidas, pese a padecer condiciones al límite de la dignidad, soportamos aquel terrible bombardeo.

Ellos, los Cayetanos de Núñez de Balboa, los Moralejos, los que dijeron sí a la guerra de Aznar, los que apoyan la desescalada de Pablo Casado y cazarolean los precipitados cambios de fase de Díaz Ayuso; son tan valientes porque a esos peligros, a esos frentes, ante esas balas te colocarás tú. Sin embargo, esta vez, quizá última, pueden estar perdidos si nos mantenemos en el puesto, en las barricadas, en nuestro hogar, en nuestra oportunidad y en nuestro ejercicio de responsabilidad.

Miremos más allá de tanto humo.



miércoles, 6 de mayo de 2020

A QUIEN CORRESPONDA



Queridos amigos y conocidos que estáis publicando críticas a la labor del ejecutivo en el material que comparto en FaceBook. Ya que a muchos de vosotros os conozco y sé que, como organizadores de un ámbito laboral, sois un auténtico desastre y además, de últimas, compruebo que en un momento delicadísimo para la salud general, sois capaces de esparcir tanto descalificaciones sobre cualquier posibilidad organizativa, como opiniones arbitrarias e informaciones de dudosa procedencia; deseo aclararos, una vez más, que ni entro, ni voy a entrar, en debate alguno sobre cuestiones que tengan que ver con teorías de médicos que saben más que otros médicos, políticos que lo harían mejor que otros políticos y ciudadanía que lo haría mejor que otra ciudadanía.

Mi pensamiento y actitud es de apoyo a las políticas que intenta desarrollar nuestro gobierno electo pese a que mantengo con él una postura crítica, alerta para que no se vulneren los pocos derechos y libertades que aún poseemos…

Pero no soy ni médico, ni virólogo, ni economista, ni oficial en los cuerpos de seguridad del estado, ni político en gobernanza. Sé que tampoco lo sois ninguno de vosotros. No, ninguno de vosotros tiene todos estos estudios y, caso que los tuvierais, nunca los habéis desempeñado al unísono. Es posible que tengáis cerca a alguien que se dedique a alguna de esas profesiones; es posible que algún profesional os dé su opinión sobre lo que está ocurriendo… pero, estoy seguro de que ninguna de esas personas tiene toda la información que se debe manejar para tomar disposiciones correctas cuando se lleva el timón de un país.

Pensad en esto: la toma de decisiones ante la novedad es un proceso que conocéis a pequeña escala porque lo realizáis cuando ésta aparece en vuestro universo cotidiano. Os describo cómo funciona vuestra psique al ver el producto extraño, el producto desconocido. Son solo seis puntos o fases:

• “¿Qué es esto?” (curiosidad)
• “¿Me apetece o no me apetece?” (atracción)
• “¿Lo pruebo? (experimentación)
• “Sí/No” (decisión)
• Acierto/Error (resultado)
• Análisis objetivo (conclusión empírica).

Realizamos todos estos pasos de forma constante, aunque no siempre llegamos a la última fase del procedimiento. No analizamos los motivos, las causas de nuestro comportamiento y, por lo tanto, no llegamos a ninguna valoración sobre el porqué de nuestra actuación en un sentido o en el contrario. No analizamos ni los aciertos ni los errores. No analizamos siquiera qué es qué.

Pues, ahora, trasladad dicho protocolo al comportamiento de una pandemia provocada por un virus desconocido y magnificad la escala hasta elevarla a un grado global.

¿Lo imagináis?

Suponed vuestra mente atendiendo a todo lo que debe atender el gobierno electo (esto de “electo” que no se os olvide o entraréis en un derrotero ampliamente deseado por quienes introducen ideas adversas a vuestros verdaderos sentimientos, a vuestra educación, a vuestro razonamiento…).

Cuando lo hayáis hecho llegaréis a la conclusión certera de que no podéis con el peso de ese cúmulo de problemáticas. Os diréis que para eso existen los gobiernos que elegís cada cuatro años. Para eso, afirmaréis, los gobiernos se rodean de equipos de expertos que deben estudiar cómo se van a desarrollar los acontecimientos futuros para, según su análisis, obrar en consecuencia. El término “equipo” aparecerá de inmediato en vuestra mente y, cuando lo haga, estaréis reconociendo de forma subconsciente su necesidad prioritaria.

Pero la realidad es otra…

La realidad es que nunca os ponéis en esta tesitura. Expresáis vuestra opinión condicionada, una y mil veces, por motivaciones externas: noticias de todo signo, información contrastada, contrainformación, motivación ideológica, tipo de educación y, sobre todo, valoración de resultados desde el ego, desde lo subjetivo. Si el resultado de lo que ocurre os afecta de una forma u otra, lo consideraréis positivo o negativo. Si el virus llevó al hospital a alguien muy querido y os encontrasteis con una instalación saturada, despotricaréis con lo que hicieron ciertos intereses con nuestra sanidad; si, por el contrario, el virus ni se paseó por vuestro entorno, os parecerán exageradas las quejas de los demás. Esto es así y es inevitable. Ocurre constantemente.

Pero volviendo al tema de lo que no somos, os diré lo que sí soy y, ante todo, lo que sí fui durante muchos años. Recurro a esta descripción de mi historial laboral sin entrar en detalles curriculares para poner venda antes que herida. Pudiera ser que penséis que se trata de pura vanagloria cuando mi intención es la de certificar mi criterio. Sé de lo que hablo porque lo he vivido y, en muchos casos, lo he protagonizado:

He desarrollado gran parte de mi carrera profesional como Coordinador de Producción en el entorno audiovisual. Este cargo, que es invención mía pues lo que hago, mi función, ni existe, ni tiene nombre en España; unifica dos puestos que, según cuenta una leyenda no escrita, están condenados a machacarse por representar cada uno intereses opuestos: la Jefatura de Producción y la Ayudantía de Dirección. O lo que es lo mismo, el ajuste presupuestario y la estrategia de ahorro, contra los ajustes en el plan de rodaje motivados por cambios que, en apariencia, resultan impredecibles durante cualquier filmación.

Intento explicarlo para los neófitos: desde la meteorología cambiante, hasta una escena que no termina de funcionar; desde un foco que se funde, hasta una innovación creativa del realizador; ciertas causas logran que el cronograma de rodaje varíe y haga saltar por los aires las previsiones presupuestarias y la comodidad de lo ya asentado en el calendario. Esto suele ocurrir durante semanas y de ahí la lucha y la leyenda de odio mutuo entre ambos cargos.

Pues, como digo, al margen de diseñar las creatividades de las campañas que me encargan mis clientes, de traducirlas a un guion, de producirlas, de realizarlas, y de crear una estrategia de comunicación; también cruzo en mi mente esos dos puestos antagónicos. Soy el puñetero hombre orquesta de la producción audiovisual española y no solo vivo para contarlo, disfruto un horror con cada encargo. Cuanto más complejo sea, mejor. Porque, comprendedlo, toda la información necesaria, puesta ante mis ojos, se convierte en simple arcilla, en un tablero de ajedrez multiforme que se revela mientras lo domestico, lo moldeo y adapto; mientras predigo errores basados en la experiencia y el análisis de las situaciones; mientras aconsejo al cliente y evito que ejerza los hábitos del pasado; y, sobre todo, mientras doto de nuevas herramientas, personalizadas según los diferentes proyectos, a equipos acostumbrados a una única fórmula de proceder, a la disciplina aprendida de la "vieja escuela", en la cual creo, pero que conlleva un inmovilismo terco respecto a las múltiples posibilidades organizativas. Todo ello, recuperando el asunto de mi amor por lo complejo, para poder contemplar, desde la invisibilidad de esas dos funciones, cómo la química de mi proceso de revelado desvela el retrato preciso, el imaginado sobre el lienzo de la nada más absoluta. Y eso, os lo aseguro, provoca un placer inmenso.

Pero, aún así, pese a tanta experiencia, tanto adelanto estratégico, tanto estudio de la tendencia y tanto esfuerzo por cubrir todas las manos en cada reparto de cartas; lo verdaderamente fortuito, el accidente real, el salto de un virus desde un animal salvaje a un ser humano... no lo puedo evitar. Contra el aleteo de la mariposa no puedo hacer nada de nada. Ni previsiones, ni planes, ni leches en vinagre. Simplemente ocurre, y es inevitable porque nadie puede predecir lo que se desconoce.

En resumen, esta fue la base de mi oficio: elaborar estrategias de trabajo para equipos; en unas ocasiones enormes equipos y, en otras, equipos reducidos. Todo ello con un único objetivo: alcanzar el mayor nivel de eficacia posible. A eso he dedicado muchos años de mi vida. Al control de daños en términos absolutos. Algo que se transforma en esa eficacia que cientos de personas que han trabajado bajo mi supervisión pueden corroborar sin cortapisas, aunque esa experiencia, la corrección de lo acostumbrado, les haya dolido. Porque, sí, la eficacia nos duele un huevo. Y, visto lo visto estos días, hacer lo correcto también nos duele. Debe ser porque no tenemos costumbre.

Pero, claro, realizando esta labor tan condensada en el área de la comunicación audiovisual, uno aterriza, aunque sea sin querer y tras la tramoya, en las empresas más importantes de este país y, siguiendo la teoría de vasos comunicantes, termina trabajando para políticos que han llegado a altísimos puestos de responsabilidad, incluso a la presidencia de comunidades autónomas o del país. Alguien pregunta ¿quién puede hacer todo esto? Y alguien responde: si quieres discreción, ahorro y grandes resultados... Manuel F. es la persona que buscas. Así fue como me introduje en un universo donde llevé a término muchas tareas sin atender a ideologías y, mucho menos, a la calidad de los productos que se me encargó vender. Y no hablo precisamente de fregonas o coches. Cualquiera de vosotros que haya trabajado conmigo o me conozca en el ámbito profesional, me habrá escuchado decir: “soy como un abogado, mi labor consiste en plantear la mejor defensa posible para mi cliente”.

Punto.

Por ese principio actué y me regí hasta que apareció en mi vida el 15M. Con ese movimiento transversal, transformé mi actitud social y laboral. Por primera vez, de forma altruista, decidí tomar partido a favor de quienes siempre pierden en el juego y decidí poner mis actitudes y conocimientos a favor de la ética social. Quizá me sentía sucio, quizá había contemplado y participado de la fabricación de demasiada mierda...

En fin, a lo que iba. Para desarrollar esas estrategias a las que me refería anteriormente, me vi obligado a estudiar vuestro comportamiento como masa manipulable. Siento definirnos de este modo, pero es lo que somos entre otras muchas definiciones.

Adelantarme a vuestras posibles reacciones; preparar soluciones caso que ocurriera alguno de los supuestos que manejo; preparar planes A, B, C…Z; y, como ya he dicho, evitar errores y sus cadenas de acontecimientos; conformaban, y aún lo hacen, el núcleo duro de mis funcionalidades. Algo, esto último, que llegó a convertirse en una de las micro-obsesiones que padezco. Imaginaos esa obcecación en un dislépsico con variante disgráfica…

Dejadlo, ya os explico lo que supone:

Si bajo el influjo de mis anomalías laterales, cualquier ejercicio sencillo relacionado con la escritura, o el orden natural de la correcta comunicación, se convierte en un martirio... cuando te dedicas a lo mío, esas anomalías te llevan al repaso del repaso del repaso de forma indefinida. Chequeo, chequeo y chequeo de manera compulsiva. Nunca nada está bien porque, en realidad, nunca nada está absolutamente bien. ¿Sabéis el motivo? ¿Sabéis por qué puedo afirmar esto? Porque el tiempo para tomar decisiones siempre discurre en contra de la decisión correcta. Quienes tenemos la posibilidad o el encargo de decir "ahora", "vende", "corten", "lánzalo"... no hacemos otra cosa que afinar la puntería pero, la mayoría de las veces, disparamos sin llegar a calcular la influencia de todos los factores. No disponemos de ese tiempo. Así, cuando damos en el centro de la diana a la primera, reconocemos en nuestro fuero interno, que solo hemos tenido suerte. ¿Que antes de apretar el gatillo sabíamos que íbamos a impactar muy cerca del centro? Por supuesto. Pero que ocurra, que el disparo sea certero al ciento por ciento en las condiciones de alta variabilidad a las que está sujeta la vida misma, es completamente improbable.

Así, por más que me empeñe, por más que utilice el microscopio de mayor aumento, por más que atestigüen sobre mi eficacia tanto mis clientes como mis compañeros, por más que la lista de mis éxitos en la gestión dé la vuelta a la manzana, y por más que me rodee del mejor equipo posible… puedo afirmaros que la infalibilidad no existe.

Pese a que el comportamiento del ser humano es tan fácil de predecir y de conducir… el diablo también juega y, no os equivoquéis, pese a la influencia de la fortuna, ese demonio tiene mucho más que ver con el pensamiento crítico, con ese instante en el que limpiáis de basura el disco duro y abrís los ojos. En el 98% de las ocasiones ese momento fascinante provoca que las previsiones sobre vuestro comportamiento fallen aunque, de inmediato, se reinicie un nuevo ajuste para volver a predeciros. El engranaje de engranajes, las matemáticas aplicadas a la probabilidad algorítmica, se reconfigura y crea un color nuevo, un sabor picante pero fresco, un brillo tecnológico, un modelazo con tallas nuevas, un "sin aceite de palma", una nueva bandera, un  nuevo mensaje común y poco definido, y una nueva barrera que determine la exclusividad o la accesibilidad. Con toda esa falsa novedad, se nos vuelve a llevar al huerto y entramos sonrientes en el bote de los dueños.

Dicho todo esto, ahora pensad. Si con tan poco se nos conduce por el camino del matadero… ¿qué os ocurrirá si la situación os confina? ¿Qué os ocurrirá si vuestros recursos, robados y desperdigados entre los de siempre, van mermando sin solución de futuro? ¿Qué os ocurrirá si comienza a aburriros el soma nuestro de cada día?¿Cómo reaccionaréis ante semejante estrés, ante una tortura sin palos ni alaridos?

La respuesta es sencilla: terminaréis suplicando que la situación varíe. Y entonces abrazaréis el lado contrario a la búsqueda del beneficio común que siempre os dictó la razón simple de la ética. Sin pensar en nada más, en ningún tipo de consecuencia inmediata, a nada que os dejen la llave de la puerta, os comportaréis de forma irracional. Porque afuera están las posibilidades y dentro la oscuridad de tantísimos días confinados.

¿Que el resultado de esta tendencia es el peor? “Bueno, pensaréis, quizá a mí no me toque ese resultado en la jugada” y vuestro individualismo superará la empatía colectiva. Afuera está la comida y, aunque la hayan colocado sobre un foso, sobre una trampa inmensa, vosotros tenéis hambre y a los demás… que les jodan.

Esa es la trampa en la que estáis cayendo, la trampa contra la que seguiré luchando con todas mis fuerzas.

Mi consejo es que busquéis la calma, el raciocinio por encima del impulso, y que no hagáis sandeces como bombardear, sin más conocimiento e influencia que vuestra causa, esa acción coordinada de un gobierno que se enfrenta a una inmensa cantidad de palos en las ruedas.

Recapacitad sobre lo mucho que nos jugamos y sobre las muchas personas ya se han jugado demasiado por todos nosotros.

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