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sábado, 19 de septiembre de 2020

OBJETOR CONTRA LA INCONSCIENCIA (LA PALABRA)







Hace unos pocos días, ante un reto lanzado por Macarena Olona, diputada cutre y fascista (lo uno no está reñido con lo otro); el vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, escogió arma para el duelo propuesto (y pospuesto para una semana más tarde) y se decantó por la palabra.

Utilizaré la misma, el uso de la palabra, con el ánimo de desmontar todo lo ocurrido durante los últimos cuatro días en la Comunidad de Madrid. No iré más atrás en el tiempo porque los acontecimientos, en este periodo pandémico que padecemos, se han convertido en página donde envolver pescado y, al final, con sesgos informativos o sin ellos, los habitantes de esta España nuestra estamos al tanto de la realidad ocurrida pese a que cada cual arrime los hechos demostrables a la sardina preferida.

Esos cuatro días atrás serán más que suficientes para que podamos entender otras palabras: las que nos colocó ante las narices Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, en el debate sobre el estado de la región. Las mismas palabras que ayer, viernes día 18 de septiembre de 2020, nos impuso, filtrando mensajes de tapadillo, a los barrios modestos de Madrid. Todo ello con el apoyo incondicional de su acólito, el Sr. Ignacio Aguado.

Porque, cuando se dice lo que estos dos esbirros dijeron ayer, no sólo se imponen medidas, se imponen mensajes, ideas, palabras que son algo más que meras palabras…

Recordemos y pensemos en consecuencia.

Martes 15 de septiembre.

Los datos sobre la infección en Madrid son contundentes pese al “jet lag” informativo que permite reducir las cifras. 1.207 contagios en la capital. Habrá quien piense que esta cifra no es motivo de pánico si tenemos en cuenta nuestro recorrido pandémico, pero, si atendemos a ese recorrido, se debe señalar que el “Estado de Alarma” se decretó en España cuando los contagios no superaban las 5.000 personas (reconocidas, los test serológicos llegarían bastante más tarde). ¡En toda España!

Sin embargo, aquí estamos. Incapaces, una vez rendido ese estado excepcional por el que se nos confinó durante tres meses, de pronunciar la palabra necesaria, la que describe la medida eficaz tal y como se ha demostrado con amplitud; el término “confinamiento”.

De esa palabra, y de todo el juego dialéctico, estratégico y semántico que encierra, iré tratando a lo largo de este análisis.

Recuperemos ahora el discurso del martes de Isabel Díaz Ayuso, durante el debate regional, en el cual pronunció las siguientes argumentaciones: 

“Es evidente que, sobre todo, los contagios se dan en los distritos del sur. Claro, eso lo dicen nuestros estudios serológicos. Luego los estudios están funcionando. Para lo que quieren cogen los datos (en referencia a los datos que utilizan los partidos de la oposición). Y sí, efectivamente, se están produciendo entre otras cosas por el modo de vida que tiene nuestra inmigración en Madrid”.

Eso dijo.

De una tacada, nos golpeó con una sentencia clasista (el sur contagia); racista (el modo de vida de los migrantes contagia); xenófoba (el migrante contagia); y aporofóbica (el migrante que no vive en el norte, el que no es rico, contagia). Del tirón, sin hidro-alcohol ni guantes de látex.

Pero lo que dijo en esa apología del ideario de ultraderecha, visto lo visto, ¿fue un error estratégico o la consecuencia de otro debate sin cámaras, el de las medidas que se iban a poner en práctica?

Para encontrar respuesta a esta pregunta debemos pasar a los detalles del siguiente día, no sin olvidar que Díaz Ayuso, durante su intervención del lunes 14, también se sacó de la chistera ultraliberal otro conejo muy conocido: la rebaja de impuestos cuando los impuestos son más necesarios.

Miércoles 16 de septiembre.

Este día ocurre un hecho insólito que provocó una estampida mediática: el viceconsejero de Salud Pública, Antonio Zapatero (la alternativa a la dimitida Yolanda Fuentes que, en su momento, avisó sobre que la decisión de cambiar de fase “no estaba basada en criterios de salud”); manifestó en rueda de prensa que en la Comunidad se llevaría a cabo un confinamiento selectivo. También dijo que se lo había hecho saber a la presidenta Díaz Ayuso mediante un mensaje vía whatsapp, con lo que dio idea de cómo se gestiona la coordinación de la CAM y dejó claro un hecho: la presidenta estaba al tanto de la decisión.

Horas después, el consejero de justicia, Enrique López, desdecía a su homólogo de salud indicando que se había cometido un error al pronunciar la palabra “confinamiento”. Sí, otra vez el término fatídico.

Pero hay dos puntos claves que se deducen de estos hechos ahora que sabemos lo que sabemos. Dos puntos que demuestran cómo se pretendió ocultar semejante plan a la ciudadanía de los distritos del sur de Madrid.

El primero es que el confinamiento selectivo sí se ha producido y que, por lo tanto, siempre fue la idea original pese a las rectificaciones posteriores.

El segundo nace del anterior: si siempre fue la idea original ¿por qué desdecirla tirando del departamento de justicia de la CAM? Para contestar a esta pregunta, sólo cabe una explicación centrada en la estrategia política: la medida impronunciable sólo se ha proclamado porque Pedro Sánchez se ofreció a Ayuso para mitigar el impacto de la miserable gestión de la pandemia que ha llevado el gobierno de ésta. Por decirlo de otro modo: lo que se ha procurado es crear la falsa sensación de la responsabilidad compartida. A buen seguro, si Pedro Sánchez no se llega a ofrecer, nos hubiesen agravado el problema con tal de evitar un titular: “Díaz Ayuso confina el sur de Madrid”. De repente, el titular era otro "Sánchez ayuda a Ayuso a confinar el sur de Madrid". De facto, desde el anuncio, nos han llenado de titulares con apoyo policial y apoyo militar por parte del gobierno.

Hasta tal punto llegó la inconsciencia e incompetencia del equipo de Díaz Ayuso que, en los dos días posteriores, se retrasó la reunión con los alcaldes de las poblaciones más afectadas de la CAM, y, el mismo viernes, llegó a posponer hasta tres veces la comparecencia ante los medios. Lo que intentaron disimular aduciendo “complejidad jurídica” no era tal ya que, como demuestran los hechos, se trataba de la idea original, la del mensaje de whatsapp, la que ya habían analizado... Entonces ¿qué motivaba los retrasos? Se estaba ganando tiempo. Ahora parte de la culpa se la podían colgar al presidente Sánchez y sabían cómo, pero lo que analizaban era el porqué. ¿Por qué Sánchez había elegido ese momento para tender una mano al rival?

Jueves 17 de septiembre.

El día que comienzan las clases de forma mayoritaria, la presidenta Díaz Ayuso exige a su hombre del milagro de IFEMA, a Antonio Zapatero, que grabe un vídeo pidiendo disculpas por el asunto de la palabreja “confinamiento”. Éste se niega y en su lugar aparece Ruiz Escudero diciendo cualquier cosa que no sea ese término.

Queda claro que se están recibiendo órdenes desde la cúpula del PP. El partido de Casado no puede tener nada que ver con una medida que ha criticado y bombardeado sin cesar durante los meses más duros de la pandemia. De hecho, se debe recordar que el factor principal que precipita la conclusión del estado de alarma es la falta de apoyo de Casado a la medida sin precedentes. ¿Cómo explicar a los reducidos votantes del PP madrileño, a aquellos que salieron día tras día cacerola en mano, que el PP ha seguido el camino de las baldosas rojizas? Casado no puede dar ese paso. Por el contrario se dedica a esparcir mensajes contra los ocupas atacando a Pablo Iglesias con argumentos de casoplón. En la retaguardia, los equipos estratégicos de Ayuso y Casado echan humo buscando una solución, un mensaje para las redes sociales, para sus bots de repetición.

Y, de repente, aparece la mano salvadora de Pedro Sánchez. En un movimiento estratégico cuyo alcance poco se ha calculado aún (he trabajado con Iván Redondo, el estratega de Sánchez en la actualidad, y es tela marinera lo que tiene en la mente ese muchacho), el presidente del estado ofrece su colaboración enviando la famosa carta a Díaz Ayuso. Una carta que publica la Sexta en exclusiva. Una carta que tenía el medio antes que la propia presidenta.

Más humo en la cabeza de los estrategas del PP madrileño y nacional. Miguel Ángel Rodríguez no tiene tiempo de cálculo estratégico, han prometido medidas para el viernes. ¿Qué hacer al margen de exculparse y culpar?

Díaz Ayuso tuitea: “Madrid ha estado demasiado sola”. Después acepta la ayuda mediante otra carta. Ignacio Aguado habla de bajar las pistolas políticas, aunque no cesa de dar navajazos sin ton ni son. No obstante, ante el pasmo de la prensa y la población, se decide que la reunión necesaria no se celebrará hasta el lunes. “¿Por qué?”, se preguntan en todas las redacciones, en todos los hogares.

Una vez más, la lógica política (que no humanitaria) responde a esta cuestión: el gobierno de la CAM tiene que dar la cara el viernes, contar la realidad, quitarle la careta a su plan original: el confinamiento selectivo. No olvidemos que, al día siguiente, hoy sábado dentro de unas horas, el presidente tiene entrevista en La Sexta, pero antes los barrios confinados deben reaccionar, comenzar a organizarse para una gran movilización. La entrevista, seguro masaje de pies de Iñaki López, será el toque de corneta en el instante preciso, la caballería del PSOE salvará Madrid y eso no se olvidará durante años. (Me la juego aún cuando faltan minutos para su emisión)

Ese mismo jueves, como he dicho, habían comenzado las clases para niños y adolescentes y, sin saberlo, todos ellos estaban en un tablero de ajedrez obsceno. Ese jueves, aunque mis hijos precisan normalizar su vida y relaciones, me negué a que acudieran a clase. Objeté contra la inconsciencia para proteger a mi familia.

Abro un breve paréntesis para destacar un hecho que atañe a este último punto, a mi objeción contra la inconsciencia.

Cuando llegó la pandemia, la medida más acertada que, según mi criterio, tomó el Gobierno Central; fue sacar a los jóvenes en general de los centros de estudio. Como en cualquier desastre, la juventud primero, claro que sí. Salvar a la juventud es salvar el futuro. Y, por esa razón prioritaria (sin duda hubo mas), la medida se tomó antes de confinar al resto de la población.

Sin embargo, ahora que sabemos que otro tsunami (llamar "ola" a lo que ocurre es un terrible eufemismo) vuelve para destrozar los restos del naufragio, se nos dice que con determinadas medidas "burbuja" los centros de estudio son seguros. Esa es la teoría y la teoría no la discuto. Pero sí discuto las realidades desde la previsión y el estudio del comportamiento. Y una de ellas es que hemos conformado una sociedad irresponsable (generalizo sin temor), dependiente del soma diario como felices “fordianos” que somos, y, a nada que podemos, buscamos satisfacer los múltiples vacíos que registran nuestros centros del placer. Eso que nos ocurre a los adultos, a la infancia y la adolescencia, en pleno aprendizaje experimental de los límites, le ocurre más. Si los adultos somos imprudentes cuando creemos que no nos vigilan, la juventud es imprudente aunque la vigilen. Somos así por naturaleza.

Por lo tanto, he de decir que la vuelta de la chavalería al sistema presencial de educación me parece una verdadera locura. Y no digo esto por su capacidad de pasar de puntillas por los dolorosos síntomas de la enfermedad cuando se da en adultos, sino por su capacidad para transmitir el virus siendo asintomáticos y, por lo tanto, agentes secretos de la pandemia.

El único factor que se me ocurre para justificar este cambio de criterio surge, también, de todo lo dicho por "el trío de Correos": con los chavales en el cole es más sencillo acudir al trabajo. En el parque no, en el cole sí....

Cierro paréntesis.

Viernes 18 de septiembre.

¿Qué decir que no se haya visto, escuchado, leído sobre el discurso y rueda de prensa de Isabel Díaz Ayuso, Ignacio Aguado y Ruiz Escudero? ¿Qué decir que no haya dicho yo mismo?

Me limitaré a exponer los mensajes ocultos en los discursos de los tres ineptos, recurriendo a un hilo de twitter que publiqué el mismo viernes tras la comparecencia y que titulé “Ya está bien”.

Esto es lo que escribí (con las correcciones que Twitter no permite):

He revisado dos veces la intervención de Ayuso, de Aguado y de Escudero y sigo sin salir de mi estupor. Y es que, entre tanto batiburrillo, han deslizado varios mensajes, así, como diciendo "no se van a dar cuenta".

Para empezar, no han dicho las palabras mágicas que tienen que ver con una eficacia sanitaria de la cual carecemos en Madrid: incremento real de rastreadores, contratación de personal sanitario especializado, dotación de personal en los centros de salud primaria. De eso nada.

Al contrario, la culpa es tuya y de tu ámbito familiar. Y, así, deslizan el mensaje ya escuchado sobre el "modo de vida" porque, claro, estos descuidos, según Ayuso, sólo ocurren en las 37 zonas reguladas. En las otras, las zonas de cayetanos, no. ¡Mucho ojo a este mensaje!

Y esto lo saben porque, según Ruiz Escudero, tienen perfectamente monitorizados los Centros de Salud.
¿Qué centros de salud? ¿Los del jet lag informativo? ¿Los que ya no dan más de sí? ¿Los que carecen de rastreadores? ¿Los que no pueden coger el teléfono?

Pero les da lo mismo. Tú no te muevas mucho porque, según el infame Aguado, tienes dos opciones: ser virus o ser vacuna. Tus opciones, pobrecit@ obrer@.
En los barrios y municipios privilegiados, todos en conjunto, son vacuna.
Cayetano bueno, currito malo.

¿Y cuál es la excusa de esta segregación?
La economía una vez más. La economía que nos ha llevado a este lío tras salir del Estado de Alarma para salvar la economía.
¿Círculo vicioso?
No lo hubiese sido si durante el verano esta gentuza hubiese reforzado el sistema sanitario.

Pero ¿qué economía salvan curritos y curritas? ¿La nuestra o la de los cayetanos saludables?
Porque, salvo excepciones, la de los trabajadores por cuenta ajena está fastidiada de narices y es el asociacionismo vecinal lo que la protege. No, Ayuso protege la economía cayetana.

Y no voy a entrar en la lógica de estas medidas porque daría para un libro.
Solo he de señalar que restringid@ en tu barrio/municipio eres vacuna, también cuando vas a currar...
Pero si llevas a tu hij@ al parque eres virus.
¡Lo han dicho! ¡Pero de tapadillo entre palabritas soeces!

Y ya esta bien.
Si peligra la salud, confinamiento. De tod@s, sin segregación.
Si es una cuestión de ineptitud, que lo es, dimisión ya y convocatoria de elecciones. Y, si no hacen caso, nunca tuvimos la posibilidad de mantener una Huelga General más tranquila y saludable...

Éstas fueron mis conclusiones tras semejante tropelía. El confinamiento selectivo, el termino y la medida, la segregación, lo que nunca quisieron decir pero que siempre fue el plan, el del whatsapp; se había producido y proclamado para instaurarse el próximo lunes, día 21 de septiembre de 2020. Un día para la infamia que no debemos permitir que se produzca.

Ya sé que cuando he mencionado "Huelga General" os habréis llevado las manos a la cabeza. ¿Y la economía qué? ¿De qué vamos a vivir si nos paramos?

Os contestaré a todos y a todas con otra pregunta ¿cómo vamos a vivir si no paramos, si aceptamos el gueto como método sanitario, si nos contagiamos nosotros, nuestros hijos e hijas, mientras el norte crece a expensas de nuestro riesgo, si dejamos de ser interesantes como seres humanos y solo interesamos como mera mano de obra?

Conceptos y derechos que siempre debemos defender están ahora más en juego que nunca.

Las casas de apuesta seguirán abiertas, tienen permiso operativo (ya sabéis a quiénes pertenecen); pese a lo que está ocurriendo, pese al riesgo que te exigen que asumas para salvar su economía… ese permiso es la mayor y la más maligna metáfora de lo que quieren para ti, de lo que nos espera.

Todo por una moneda, por un cara y cruz estratégico con forma de palabra.

jueves, 21 de mayo de 2020

EL HUMO EN LAS TRINCHERAS




Mantengamos los pensamientos claros. Distingamos entre el humo del rastrojo para descubrir el verdadero incendio.

Esta marioneta absurda que es Isabel Díaz Ayuso no es que vaya contra el gobierno de coalición entre PSOE y Unidas Podemos; va contra la salud y los derechos de los madrileños. Y lo hace en pos de un interés, el interés de unos particulares muy concretos y muy localizables gracias a las fotos y vídeos de escopeta nacional que se están haciendo por las calles del rancio Madrid. No es una opinión. Es un hecho. Algo que se puede constatar con solo seguir el reguero de sus actos contra los principios sanitarios, de sus justificaciones de pizzería barata y de sus mentiras mitómanas promovidas urbi et orbi durante la singularidad de estos dos últimos meses. Y mucho ojo que aquí se debe reconocer su valía: ha cometido más desastres en la gestión de la CAM en sesenta días de confinamiento, que propuestas ha llevado a cabo en un año al frente de la Asamblea de la Comunidad. Con solo mencionar que su Directora de Salud, la que organizó el hospital de derivados en IFEMA, dimitió por no plegarse a sus requerimientos y firmar ese paso a la siguiente fase; queda aclarado el asunto.

Sacar a colación apartamentos de lujo a precio de saldo; clausuras de IFEMA con patada a 10.000 sanitarios; comidas basura para la descendencia de los más dañados; aviones perdidos y de hallazgo tardío e incompleto; mascarillas inservibles a coste de oro; subvenciones desaparecidas y la dolorosa noticia del pago de 7 millones de euros a la ACS de Florentino Pérez por los servicios prestados en tiempos de la muerte geriátrica; es muy necesario, es imprescindible, pero, para ella y para quienes la sostienen y financian, es el humo necesario, el humo que ciega nuestros ojos.

Tú no la importas. Ni la importas a ella, ni al PP madrileño, ni al nacional, ni, por supuesto, a Vox. Eres un número entre cientos de esquelas. Una figurita que deja de moverse si la miras desde la altura de la noria de “El tercer hombre”. Eres el atropellado en esa falacia comparativa, en ese discurso miserable de quienes explican, imitando a Trump, que es lo mismo el espacio improbable del accidente automovilístico que el espacio más que probable del contagio masivo. Con el discurso de esta gentuza, se va a tomar viento toda la probabilística y estadística analizada desde que se concibió la matemática aplicada.

¿Por qué lo hacen? ¿Por qué difunden semejante argumento enfangado en una lógica aparente pero inexistente? ¿Por qué incitan a la protesta en las calles de aquellos que, de forma histórica en tiempos de democracia, sólo se manifiestan cuando les tocan, o les desmontan, los principios amorales del nacional-catolicismo cavernoso de esta país que es España? Por una sencilla razón. Porque están al servicio del amo de la fábrica de coches y, en este caso concreto, al servicio del núcleo duro del turismo madrileño. Un lobby que no quiere reformas estructurales y laborales en el sector porque no desea que le impongan una verdadera calidad de cara al cliente, de cara a la reconversión económica de dicho sector y, ante todo, de cara al empleado. Un lobby que no desea reformas porque suponen un gasto que mejor se queda en la caja propia, aunque, a largo plazo, cercene su futuro. Pero abramos los ojos: en el mundo de los lobbys ¿quién piensa en el futuro? No te engañes. En el terreno de los grupos de presión se juega a lo inmediato y, en este “ahora”, están a punto de perder la campaña de verano. Algo que en Madrid, aunque los foráneos piensen que la capital no vive del turismo o que no vive de él durante el caluroso verano, supone unas pérdidas millonarias.

¿Son tus pérdidas? ¿Afecta a tu remuneración? ¿Atañe a tu trabajo esclavo consolidado tras la crisis del 2008? Sí, pero no. Porque tú, si se salen con la suya, vas a estar peor, mucho peor. Vas a exponerte, vas a contagiarte y vas a contagiar a tus cercanos. Tú sí, ellos, los de Núñez de Balboa, los Moralejos, no.

Sobre este punto, te planteo unas sencillas preguntas.

¿Cuántos de esos que le dan a la cacerola crees que han fallecido debido a la pandemia? Me adelanto a tu búsqueda en Google. El análisis de la influencia por sectores poblacionales, en lo que toca al tipo de rentas, arroja una respuesta clara: las clases medias y bajas son las que caen, las que mueren con amplia diferencia respecto a las clases altas. Otro interrogante: ¿Cuántos de los Cayetanos caceroleros se suicidaron durante la inconclusa crisis financiera que sufrimos desde hace doce años? Te lo digo yo, aunque, en tu fuero interno, conoces la respuesta. El dato es contundente: ninguno. ¿Cuántos de ellos se forraron con esa estafa hipotecaria de las subprimes? Más contundencia: todos. De forma directa e indirecta, pero lo hicieron todos sin ninguna duda a este respecto. Ellos sí, pero, parafraseando a Serrat, tú no, tú no, tú… no.

Tú a lo de toda tu vida: a interiorizar que se acabaron tus derechos salariales; a aceptar la quiebra de los derechos constitucionales; a ver cómo vuelves a depender de tus padres o de tus abuelos, o del pequeño patrimonio familiar ahorrado durante generaciones familiares a base de mucho trabajo, de mucho sufrimiento; tú a dilapidar tu futuro, tu educación, tu sanidad, todo lo público, todo aquello que sufragan unos impuestos que ellos no padecen porque no pagan en justa proporción.

Y, sin embargo, el Think Tank del PP, con Pablo Casado abanderando, Isabel Díaz Ayuso defendiendo el fortín corrupto en la capital, y Aznar en los fogones; repite el mantra trumpista; el argumento comparativo entre lo accidental y lo probable. Sin ir más lejos, el miércoles, día 20 de mayo, Pablo Casado exponía el pernicioso argumento en el debate para la ampliación del estado de alarma. Eso sí, llevándolo aún más a la derecha, no vaya a ser que, en una de estas, le gane su socio Abascal la posición de la oposición canalla: “Evidentemente, retorció, se evitan contagios encerrando en casa a 47 millones de personas al igual que se evitan accidentes laborales y de tráfico…” Con absoluta fachatez lanzó esta frase en sede parlamentaria. Porque ¿qué más da dónde se diga una falacia si, total, lo que se busca con ella es que el mensaje diseñado llegue y empape al mayor número de mentes despistadas? ¿Qué importa el foro si lo que se busca es implantar la idea de que debemos seguir viviendo, aunque muramos los de siempre?

Tú sí. Ellos, los dueños de la fábrica de coches, no.

De este modo, con estas tretas dialécticas, desvían tu mirada sobre la cuestión de fondo. ¿Por qué este movimiento de exaltación fascista precisamente ahora? ¿Por qué no en el pasado, en el 2008, cuando la economía mundial se iba a la mierda? ¿Por qué envían a sus huestes a los barrios obreros en busca de la confrontación, de la chispa mediática que genere el verdadero incendio? La respuesta concreta a estas preguntas, que parece evidente dicho lo dicho, es más que oscura, es tremenda para sus intereses, es aquella que se debe ocultar a tus ojos, es aquella que, sea como sea, tú no debes percibir de ninguna manera...:

Verás, esta vez, la naturaleza de la crisis es otra, es distinta a la de las hipotecas basura que nos vendieron; esta vez no es el resultado de su juego de póker especulativo; esta vez no se trata de un chantaje a los gobiernos del mundo que, como sabemos, se vieron forzados (con pequeñísimas y loables excepciones) a rescatar su sistema financiero con nuestro dinero y con los créditos que también paga ese mismo fondo, el de tu bolsillo, el de la caja salarial del currante. No. Esta vez ha sido un virus, un aleteo no pronosticable de la naturaleza, algo fuera de cualquier plan económico de las grandes fortunas y de las empresas que conforman los índices bursátiles, llámense IBEX-35, Dow Jones, CAC-40, DAX, etc, etc, etc… No, esta vez los cálculos de probabilidades económicas no han detectado lo que nos ocurre.

¿Y qué es eso que nos ocurre? ¿Que sufrimos una pandemia global? ¿Algo comparable a los futuribles efectos del calentamiento global que tan poco les importa a los gestores de todos los índices?

Sí, qué duda cabe. Pero, también, y aquí estriba la diferencia, esos gestores y sus gestionados ahora sufren otro efecto del que no dicen palabra: el de la mayor huelga general jamás pronosticada. Una huelga global sin previo aviso; estipulada, no convocada, por las organizaciones y los ministerios de salud de todo el planeta. Huelga global con servicios mínimos, con proyectos de rentas vitales para los más perjudicados, con ayudas para la viabilidad y resistencia de las pequeñas y medianas empresas, con pagos a los autónomos, con ERTES y no ERES… Una especie de paradoja en la cual los gobiernos progresistas (y algunos que no lo son, pero que actúan y asumen medidas similares de cara a próximas elecciones) están actuando como verdaderos sindicatos, protegiendo a las clases trabajadoras para que no incumplan su parón, para que resistan el hostigamiento del impago salarial y para que se atrincheren en aras de la salud general. Sí, trinchera, no encierro. No caigamos en otra argucia dialéctica. Tengámoslo claro. Tú (nosotros) lo que haces es defenderte, protegerte junto a los tuyos. Una defensa regulada, y muchas veces improvisada, según varía el comportamiento de los múltiples enemigos; una defensa que ellos, los dueños de la fábrica de coches, han detectado como un ataque, el de una huelga global inimaginable.

Ellos saben qué ocurre, tú, al parecer, no.

Ésta es la razón que motiva las algaradas fascistas, una huelga global que les machaca los intereses. La fábrica de coches no produce, no vende, y una inmensa mayoría puede percibir (porque esta nueva crisis se lo está constatando), que no se necesitan ni más coches, ni más petróleos, ni más gases, ni más carbones, ni más coltanes que los imprescindibles. Y, ya de paso, en un alarde, todo este movimiento también podría entenderse como una nueva revolución industrial y tecnológica, transmutable a las políticas de los gobiernos progresistas que, del mismo modo que la sociedad vulnerable, pueden apuntar hacia esa diana que en las grandes reuniones de mercadotecnia se denomina "nicho de mercado", aunque la vendan con el eufemismo “ventana de oportunidad”. Las energías alternativas, saludables, sanadoras… Un mirador desde donde buscar el enorme beneficio de la industria de la salud y la ecología; donde descubrir que se puede innovar y generar miles de puestos de trabajo en sectores relacionados con la investigación, con la reforestación, con la alimentación saludable, con la cultura no especulativa, con la educación universal y de calidad, con la microbanca ética, con el reciclaje no contaminante o con la conservación de lo necesario… En definitiva, con la reconversión de todos los sectores económicos destinándolos al bien común antes de vernos abocados a cruzar la última frontera, la última ocasión que nos brinda el futuro. Algo a lo que filibusteros como Aznar, Pablo Casado, Díaz Ayuso, Abascal y su escisión del PP; tildarán de sistema bolivariano, venezolano o comunista utilizando sus definiciones favoritas por el rechazo adoctrinado que provocan. Una falacia más porque, ante todo, lo que implica esta reconversión es un posicionamiento a la vanguardia de lo que va a ser necesario por imperativo natural; la única fórmula de equilibrio entre la salud general, la salud de los ecosistemas y el reflote de una economía que nunca podrá perder de vista la competitividad para mantener la espiral virtuosa. Un plan esperanzador y realista que significará una patada a las múltiples herencias de aquella lejana revolución industrial del siglo XVIII. Más a las claras: ese cambio estructural que tanto temen quienes no hacen nada por frenar el mal que nos ha llegado y que, con total seguridad, nos va a llegar desenfrenado y apocalíptico.

Me atrevo a decir que la nuestra, la enorme sociedad no acaudalada, la sociedad de currantes que temen por la pérdida de su puesto de trabajo indefinido (ojo al calificativo); la sociedad de quienes alternan trabajos basura día sí día también; la de los propietarios y socios de PYMES muy pequeñas; la de los autónomos siempre maltratados por una cuerda floja con forma de soga; esa sociedad entregada, luchadora y comprometida de verdad con un país al que ama y respeta sin necesidad de un baile de banderas; esa sociedad  integradora, no excluyente, que constituimos los demás… está muy entrenada en el honrado ejercicio de saber aguantar. Supimos resistir tras lo que nos hicieron años atrás y, pese a la pérdida de innumerables vidas, pese a padecer condiciones al límite de la dignidad, soportamos aquel terrible bombardeo.

Ellos, los Cayetanos de Núñez de Balboa, los Moralejos, los que dijeron sí a la guerra de Aznar, los que apoyan la desescalada de Pablo Casado y cazarolean los precipitados cambios de fase de Díaz Ayuso; son tan valientes porque a esos peligros, a esos frentes, ante esas balas te colocarás tú. Sin embargo, esta vez, quizá última, pueden estar perdidos si nos mantenemos en el puesto, en las barricadas, en nuestro hogar, en nuestra oportunidad y en nuestro ejercicio de responsabilidad.

Miremos más allá de tanto humo.



viernes, 24 de julio de 2015

TELEMADRID VS CARMENA

AUTOR: MANUEL F. TORRES



Sí, ya sé que el tema puede aburrir, que todo el mundo es consciente de lo que ocurre en Telemadrid ─esa cadena pública que sólo lo es porque con nuestros impuestos pagamos sus costes y su pésima gestión─; y que el esperpento que se representa en cada uno de sus espacios informativos, pasados y presentes, ha terminado por anestesiarnos de tanto llevarnos las manos a la cabeza.

Sí, lo sé.

Asistir a ese espectáculo de propaganda ultraderechista disfrazada de noticiarios, con secciones de opinión donde sólo se manifiesta una, nos ha narcotizado tras buscar un millón de veces el epíteto preciso en el diccionario y no encontrarlo. De hecho, la lengua castellana, tan amplia, tan inabarcable, se queda corta ante lo que se hace y se muestra en esa casa.

Y lo sé.

Esto se ha contado mil veces y, por tanto, también sé que lo que escribo es terreno trillado y quizá sea una más de mis pérdidas de tiempo. Pero me da igual. Ayer noche, ya metidos en la jornada de hoy día 23 de julio ─víctima del calor de Madrid, de mi insomnio habitual y de esa práctica necesaria que consiste en ver cómo maniobra quien se gasta los impuestos─; Telemadrid me colmó el vaso de la paciencia en ese espacio que presenta Ana Samboal y que han titulado con el nombre ambiguo de "Diario de la noche" (con semejante nombre podría tratarse de un reality festivo-veraniego).

Aporto el resto de los datos para situaros y no obligaros a ver en la red todo el programa: asistían a la presentadora los tertulianos Fernando Jauregui y Javier Gállego Jané. El tema, donde surgió el comentario que me hizo saltar los plomos, fue el primer pleno del Ayuntamiento de Madrid, regido por Manuela Carmena.

Por boca de los asistentes y de la presentadora, con ese punto de vista único de la cadena, se dirigieron todos los ataques a los que nos tienen acostumbrados hacia la nueva alcaldesa: que si la web esto y que si la calle de Zerolo lo otro… Lo de siempre y en el tono de siempre, centrando la mira telescópica, más que nunca, en el Ayto de Madrid, el mismo al que tanto defendían hace nada, en ese mismo espacio informativo, recurriendo a la mejor estrategia que tenían a mano para no pasar vergüenza (si es que les queda alguna a tamaña comadre de filibusteros): acallar los desfases de Ana Botella y, del mismo modo pero en general, la peor gestión de las necesidades de la capital que pueda recordarse. Si alguien quiere datos objetivos a este respecto, los tengo. Ni el malgastador, zigzagueante y sibilino Gallardón merecería comparación gestora con la de su sucesora, no electa, Ana Botella. Eso, por triste desgracia, lo saben hasta los muertos.

Pues bien, el punto insultante, el que motiva este artículo, llegó de la mano de Fernando Jauregui pero, como fue secundado por los dos corifeos restantes, diré que fue obra de las tres palomas sentadas a esa mesa de redacción. El trío vino a coincidir en que la gestión de Manuela Carmena era algo inexistente, banal, infantil... Se dijeron cosas del tipo: “¿dónde está la gestión de las basuras?” o ”¿dónde está la gestión del alumbrado público?”, sin dejar a un lado el aplauso a la iniciativa del PSM, liderado por Antonio Miguel Carmona, para bajar el IBI y que fue apoyada por el PP y por C´s. 

Huelga decir que dicho aplauso verbal no fue por la medida aprobada sino por la fractura, tan deseada en ese medio, entre "Ahora Madrid" y el PSM. Se entiende que estos personajes no estén acostumbrados a que, en una democracia, no siempre ganen los mismos y de ahí que vean rupturas definitivas donde lo que hay son acuerdos puntuales, debate, y votación. Hoy contigo y mañana sin ti. Y no pasa nada salvo que cuando lo entiendan en Telemadrid peligre su repertorio para beneficio de la información mundial. 

Si el Ayuntamiento disminuye sus ingresos por ese impuesto, si no tocaba, si hay otras prioridades según unos en contra de los otros... no es más que el debate de la gran política, el juego donde se barajan sin cesar cientos de naipes y comodines, el tapete donde surgen y mueren los proyectos y nuestro futuro vecinal. La diferencia respecto a un tiempo muy reciente, en ese mismo ayuntamiento, consiste en que, ahora, nadie va a poder jugar sin quedar retratado. De eso va este asunto y lo mejor es que los políticos de vieja escuela no saben jugar con estas reglas nuevas, no saben jugar al descubierto.

Regreso a lo del punto insultante:

De todo ello, de la votación y demás, los tertulianos sacaron la conclusión de que Manuela Carmena aguantaría su gobierno hasta después de las elecciones generales y que, con los nuevos resultados, se vería obligada a ceder la alcaldía. Y se quedaron tan frescos los tres.

Me preguntaréis que dónde está el insulto si, total, esto es lo que se hace siempre en ese espacio informativo.

Está claro que mentir no es insultar y que manipular la información con determinados sesgos orientados tampoco lo es. La esencia del juego democrático lo permite y así debe ser aunque de ético ─ese factor que tanto repite Eduardo Inda en las últimas tertulias televisivas─ no tenga nada y menos en una cadena cuyo origen metafísico debería ser la pluralidad. 

Más tarde entraré en la aclaración de este punto.

La cuestión insultante es el ataque centrado en la ausencia de gestión del Ayuntamiento de Madrid cuando, por simple comparativa, la gestión inexistente se da en el gobierno de la Comunidad de Madrid regida por Cristina Cifuentes con el apoyo de C´s. Plantear el mismo delito y no juzgar a la presidenta y a la alcaldesa en igualdad de condiciones, atenta contra la inteligencia de cualquiera, por muy de derechas que se pueda ser.

Pues decidme: ¿alguien sabe algo de esta mujer, de Cristina Cifuentes, desde que ocupa el cargo? ¿alguien sabe algo de C´s, cuyas líneas rojas, marcadas para firmar acuerdos con el PP, atendían también a la pluralidad de Telemadrid? ¿habéis visto o sentido que ocurra algo en la Comunidad de Madrid? ¿alguien cree que, por este motivo, por esta falta de nuevas acciones, se acerca el Apocalipsis circulatorio, que nos quedaremos de inmediato sin agua, que no se intentarán apagar los incendios este verano?

A que no. Pues con Manuela Carmena tampoco ocurrirá ningún colapso.

¿Sabéis por qué? Porque es lo normal tanto en una entidad pública como en una gran empresa. Las transformaciones requieren su tiempo y, en todos los aspectos, nos iría mucho mejor si cada directivo se lo permitiera antes de tomar una decisión importante. Nada se gestiona con eficacia y se renueva llegando a la casa y prendiendo fuego nada más cruzar la puerta. Lo primero es analizar, estudiar y, en los casos de la Comunidad y Ayuntamiento, auditar a fondo, sin concesiones ni miradas hacia el lado contrario de la realidad. En este sentido ─el de la auditoría─ los votantes de “Ahora Madrid” exigíamos dicho examen, formaba parte del proyecto y me consta que se está haciendo. Por ejemplo, ya vamos viendo resultados cantosos como el hecho de que siguiera contratada la misma empresa que gestionaba la seguridad del “Madrid Arena” cuando se produjo el crimen y la catástrofe; vamos viendo cómo, por ejemplo, seguía contratada la misma empresa de mantenimiento de la Caja Mágica aún sin cumplir ninguno de los encargos y estudios que se le habían solicitado; vamos conociendo, por ejemplo, el gasto y gustos de los anteriores ediles en lo que correspondía al uso y administración de su despacho palaciego; vamos viendo cómo todos ellos han sido eliminados de raíz.

Siendo objetivos (palabra que desconocen en la redacción de informativos de Telemadrid) de Manuela Camena sí sabemos lo que está haciendo y, si lo pensáis, ya está haciendo mucho para el tiempo que lleva en el cargo. Hasta esos mismos canalizadores de opinión a los que invitan a decir misa en Telemadrid, consiguen que nos enteremos de toda esa labor, con sus errores naturales y nimios, aunque les pese. 

Por las mismas, siendo también objetivos, de Cristina Cifuentes no sabemos nada apenas. La información de sus movimientos no llega ni para que esas mismas personas intenten loar alguna gloria posible de la Presidenta. Es de suponer, cosa lógica, que aún estará estudiando cómo funciona el asunto por dentro o, en el peor de los casos (que es el más probable), buscando una programa de gobierno que seguir porque, recordemos, ha llegado a donde ha llegado sin una idea en los bolsillos. Pero, de esto último, en Telemadrid ni mu.

Pero, insisto, hasta eso es normal. No quiero caer en el “y tú más”. Eso sí, lo que es injusto e insultante es que, incluso en la cadena pública de Madrid, se le estén dando martillazos en los dedos a Manuela Carmena por hacer, deshacer y estudiar la situación; mientras que con Cristina Cifuentes se prosiga con esa táctica del silencio que viene a definir la siguiente secuencia: "como nada hace, no contemos nada y mucho menos para criticar su inacción. Sigamos tirando del libro de estilo de Ana Botella."

Para terminar aclararé ese punto que he dejado a medias, el que hablaba de las mentiras e informaciones sesgadas con que se manejan en Telemadrid respecto a la falta de gestión del gobierno de Manuela Carmena.

Lo primero es dejar claro un hecho: la continuidad de cualquier partido en un órgano de gobierno crea mecanismos automatizados y Madrid los tiene tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento. Viene a ser algo parecido a los protocolos de un gran trasatlántico. Por mucho que se cambie a los capitanes del navío el cambio no perjudica ni a los restaurantes, ni al servicio de habitaciones, ni a las discotecas, ni a lo que conocemos como servicios generales de abastecimiento. Plantear, por parte de la cadena Telemadrid y sus acólitos, cómo se están gestionando esos servicios en el Ayuntamiento de Madrid cuando prácticamente todos ellos están externalizados, es una trampa para espectadores zoquetes y votantes somatizados de la derecha. Otra cosa es que, tras esa investigación auditora de recursos, de gestión externalizada y de subcontratas ganadas en dudosos concursos públicos; las aguas desbordadas de la corrupción, en Madrid, amainen y logren que el barco navegue más ligero abasteciéndose de otro modo para beneficiar a los vecinos de la capital. Pero, para llegar a ese punto, el equipo de “Ahora Madrid” necesitará de todo nuestro apoyo, nuestra paciencia y nuestra inteligencia. Esa labor no se hace ni en un día ni en cien.

Mientras tanto, veremos cómo le va a los responsables de Telemadrid cuando C´s comience a dar zarpazos generales al PP y Cristina Cifuentes deje de ser amiga. Lo mismo que ayer hizo Carmona con el PP y C´s, pueden hacer los de C´s con el PSM de Ángel Gabilondo.

Eso es la democracia sin bipartidismo, alternativas que se deben pelear día a día, sin escaños vacíos. Esa es la democracia que se leyó al analizar los resultados electorales. Quizá sea más lenta pero será más limpia y más de todos.

Y hablando de limpieza: ayer, tras más de un año sin ver pasar un camión del servicio de limpiezas de Madrid que regase mi calle y la limpiase, pasó uno, la regó y toda ella quedó fresca y limpia. Las subcontratas empiezan a verle las orejas al auditor.

    

viernes, 19 de junio de 2015

GRAJOS


ILUSTRACIÓN: MANUEL F. TORRES


Me guardaba este título.

Debido al acervo popular, al eterno poema de Edgar Allan Poe y a que se trata de un ave que aúna en sus características físicas y protocolarias todo aquello que suele dar grima al ser humano; pretendía cubrir con él con ese mal aura que poseen los cuervos un relato autobiográfico sobre la que fue mi relación, durante mi infancia y adolescencia, con la iglesia católica y con sus representantes más cercanos: los curas y sacerdotes.

Una relación innecesaria, obligatoria e incoherente que bien puede hacer las veces de metáfora o establecer similitudes con la historia de los ciudadanos de cualquier país, en cualquier época y bajo el yugo mitológico de cualquier credo.

No sé si recuperaré este título en singular para narrar la historia que sufrí bajo el mando de uno de ellos, un sacerdote castrense, que, desde años antes a la fecha en que mis padres me ingresaran en el internado militar donde cursé estudios de bachillerato, ya recibía de las voces escondidas de los niños de los alumnos de aquella institución el sobrenombre de “El grajo”. Éste ha sido, con diferencia, el mejor mote colocado a personaje que yo haya conocido. Sin duda cumplía, de forma plena, con el requisito principal que requiere cualquier apodo: la abstracción. Definir el todo del individuo con un único concepto resulta complejo. Es por esta razón que los motes suelen atender tan sólo a una característica de la persona a la que pretenden renombrar y, por lo general, no logran abarcar la totalidad de sus rasgos físicos, intelectuales y psicológicos. Pero, como digo, en el caso de este personaje real, su apelativo completaba todas las fases que precisa una buena descripción. Tanto es así que el mal agüero de este hombre pájaro, las características del cuervo, el aura maligna a la que me refería al inicio de este texto; lo cubría de tal manera que, con toda seguridad, el apodo no dejó de él ni la reminiscencia de su verdadero nombre.

Pues bien, hoy he decidido gastar este título y el relato que le correspondía por una razón que considero justa: apoyar a Rita Maestre portavoz de la Junta de Gobierno del Ayuntamiento de Madrid no sólo para evitar que dimita de su cargo (algo que la propia implicada ha manifestado que no va a hacer) sino para explicar porqué no debe hacerlo ni ella ni nadie que se vea en su misma situación. No sé si mis escritos pueden servir para algo en este sentido, pero mis palabras, o los vídeos que realizo, son mi forma de tomar partido, de mancharme, intentando llegar con mis ideas a otras personas, a otras mentes, en busca de un remedio que aplaque esta sangría que sufre la democracia en mi país.

Al grano:

Resulta que, gracias a la que sigue siendo una acción de hostigamiento a la plataforma ciudadana “Ahora Madrid” (que desde el día 13 de junio rige la alcaldía de la capital de España), se requiere la dimisión de esta mujer, se pide que Rita Maestre abandone su cargo. ¿El motivo? La fiscalía de Madrid solicita para ella una pena de un año de cárcel por un acto contra los sentimientos religiosos que, para ser más concreto, vino a ser una acción de protesta en el interior de la capilla de la Universidad Complutense de Madrid.

Esto hecho que relato ocurrió en el año 2011 pero el grupo que lidera la oposición Partido Popular (PP)─ y el que no se opone tanto ─Partido Socialista de Madrid (PSM)─ no atienden a fechas lejanas ni al hecho contundente de que, en aquellos años, ni la imputada ostentaba cargo público alguno, ni su acción tenía algo que ver con el puesto que ocupa ahora. Como digo, sin atender a razones, ambas fuerzas políticas han hecho suyo el condicionante ético por el cual cualquier cargo político, imputado por la justicia, está obligado a dimitir; una máxima que fue estandarte de campaña tanto de la formación “Podemos” como de las plataformas ciudadanas que se presentaron a las pasadas elecciones. Así es: PP y PSM atacados de un fervor ético que les impide ver vigas carcomidas en sus propios ojos se tiran ahora a la piscina de pedir dimisiones por cualquier causa, aunque ésta no tenga nada que ver con los casos de corrupción que es, en definitiva, de lo que iba dicha máxima.

Dado que existen vídeos que describen lo que ocurrió durante el acto de protesta feminista en el que participó Rita Maestre, dejo aquí el correspondiente enlace a uno de ellos y prosigo con mi disertación.  

Para empezar, entro a empujones en el absurdo tejemaneje de esta imputación al tratar lo pendiente de resolución judicial de una acción contra la Iglesia Católica, la portentosa secta global que tanto hace por ocultar sus vergüenzas a los ojos de la justicia aunque, por fortuna, la historia y el dolor causado no las permiten mantenerse bajo tierra. Por mucho que sus prelados y acólitos blanqueen huellas y sepulcros, la mugre y la putrefacción siempre rezuman. Y esto que manifiesto, que en apariencia es un juicio de valor, se puede constatar con facilidad mediante el estudio e investigación de las actividades de esta congregación. Es más, constituye la piedra sobre la que edificaré mi argumentación.

Continúo:

Como digo, me parece absurdo todo este vericueto legal apoyándome en dos fundamentos que se complementan y que intentaré explicar:

Aunque hace cuatro años aún no se hubiese aprobado la dictatorial y carcelera “Ley Mordaza” (que a partir del 1 de julio de 2015 penalizará en España cualquier acción de protesta pacífica a nada que alguien sea violador, gánster o político corrupto pueda sentirse ofendido por efecto de la misma); en el momento en que se produjeron los hechos, la iglesia católica atentaba contra tantos derechos en este país aconfesional, se pasaba bajo los faldones tanta jurisprudencia civil y miraba para otro lado ante tanto derecho canónico; que lo natural, lo cívico, lo moral; era protestar, bien alto, por mucho que a cualquiera que llevase a cabo dicha protesta se le pudiera acusar de haber cometido un delito. 

Ahora bien, es en este punto, el del delito, donde debemos hacer parada y fonda ya que, si analizamos este supuesto quebrantamiento de la ley “la acción contra los sentimientos religiosos”, entramos en la paradoja legal que vengo advirtiendo.

Me explico:

Debido a que el estado español es aconfesional, y así lo determina la constitución en su artículo 16 sobre derechos y libertades, debemos entender que la religión mayoritaria en España, es el laicismo. Puede que algún lector me conteste que no profesar ninguna religión no se puede considerar un modelo de creencia espiritual. Pero yo no estoy de acuerdo y creo que nadie debería estarlo. La amplia mayoría de la población española posee un modelo de creencia espiritual aunque para tenerlo no precise de un mito todopoderoso, flamígero, antropomórfico y aviario: creemos de forma profunda y estudiada en la libertad del individuo y nuestra biblia es un manual elástico, consensuado e inclusivo, que se llama Constitución Española. Y la Iglesia Católica, al contrario que las jefaturas de muchas otras confesiones, no cesa de cometer agravios contra ese sentimiento religioso mayoritario, sin que nadie, ningún fiscal, haya llegado a denunciar jamás al clero por esta acción constante que, por lo tanto, deviene en costumbre. A este respecto, el de la costumbre, nuestro código penal abre un sinfín de interpretaciones y una de ellas es el principio "Costumbre secundum legem" que integra o completa los principios de una norma jurídica. De ahí que si la práctica, delictiva y manifiesta, de la Iglesia Católica en lo que concierne a su acción contra los sentimientos religiosos de la mayoría de los españoles─ nunca fue penada; tampoco, por costumbre, debe ser objeto de delito cualquier acción contra los sentimientos religiosos de la propia Iglesia.

Pero dejemos esta hebra en manos de jueces y abogados pues no es más que eso, un fleco de los muchos que tiene este galimatías jurídico que, sin otra opción en un estado de derecho, concluye en otro: el derecho de libre manifestación y protesta, un derecho que está reventando de forma paulatina y que debemos recuperar sea como sea.  

Compruebo, al releer este texto, que vengo hablando en pasado aunque, como bien sabemos, debería utilizar el presente siempre y cuando me refiera a la jefatura de esta congregación tan obscura como obscena. De poco me sirve que se me diga que el nuevo pontífice tiene el propósito de hacer limpia en su seno, salvo para ratificar que gracias a ese gesto, hasta él mismo, el vicario de Cristo en la tierra, es conocedor de cuanto se urde en la Santa Sede y en sus ramificaciones arácnidas; ese templo que, a nada que unió destino con las postrimerías del imperio romano, recuperó las formas antiguas de cualquier religión precedente, abandonó la enseñanzas de sus guías espirituales y volvió a convertirse en guarida de criminales y mercaderes hasta el día de hoy.

Allá cada cual con sus creencias y con las conclusiones que extraiga de la historia, de los hechos y de su libre interpretación…Pero, claro está, cuando este lobby religioso, en pleno siglo XXI, sigue interfiriendo en las políticas sociales y económicas que afectan a una sociedad plural; sigue practicando un filibusterismo que corrompe las libertades de un estado y de sus habitantes; sigue intentando imponer su fe a golpe de hoguera electoral y, para colmo de esta incongruencia, sigue lanzando soflamas que agreden, con sólo su mención, a cualquier colectivo que, según su criterio ambiguo, les parezca amoral acusándolo de barbaridades con tal de proscribirlo; no queda otra que acudir a la ley y a la justicia para lograr detener sus acciones.

Pero, una vez más en España, es en ese punto del proceso legal donde todo falla. Porque en este país la Iglesia Católica tiene patente de corso. Nada se puede hacer contra sus delitos. Sobre las mesas de los despachos de policías, fiscales y jueces existen denuncias terribles que así lo atestiguan y que no llegarán a ningún destino concreto. Dios es el único juez de esta banda criminal que, según parece, tiene en nómina al supuesto ente omnipresente.

¡Ojo! Cuando hago estas acusaciones a la Iglesia Católica, no hablo de su feligresía que víctima de un lavado de cerebro milenario bastante tiene con no ver en estos asuntos más allá de sus narices. Hablo de los jerarcas, de esa estructura de poder piramidal y, en mi discurso, abarco desde el primer cura hasta el último obispo. Y abro todo ese abanico porque, en verdad, de entre todos, aún aquellos que se creen inocentes y deciden que se tienen bien ganado el cielo, viendo ciegan, escuchando callan, descubriendo ocultan y, en su intentona por sanear, entierran. Todos, sin excepción, son culpables del pecado de omisión y lo que omiten es muy grave, es abominable. Poseer el sacramento de la confesión para eximirse de cualquier responsabilidad como testigo, administrar esa justicia suya de la penitencia mediante rezos y fustigaciones, y tener la posibilidad de conceder el perdón, así, por las buenas; no hace sino certificar que es una religión que ampara la ley del silencio, la omertá. Reto a cualquier lector a que me presente un caso en el que un criminal se haya entregado a la justicia debido a que su párroco le indicó, tras escucharlo en confesión, que eso es lo que debía hacer para expiar sus pecados. Me da que, caso de encontrar alguno, se tratará de un delincuente de poca monta.

Prosigo:

A la sociedad libre, variopinta y díscola ante los preceptos mitológicos, no le queda otra que el activismo político y social; no le queda otra que criticar la acción de este estamento instaurado en el poder no por tradición (que también) sino por la fuerza de una masa captada, señalada y guiada desde el mismo día de su nacimiento para que se postre y admita cuanto se les diga desde un púlpito. Una masa que callará si se lo manda el párroco de turno, que comulgará con ruedas de molino si así lo dictamina un arzobispo y que prestará su apoyo electoral a candidatos políticos según lo promulgue la archidiócesis que corresponda. Pensadlo y convendréis que es éste el verdadero populismo, el que emana del mito, el que da soluciones en el más allá estipulando y convenciendo a la población crédula de que, el paseo por el más acá, no es más que un sendero de espinas por el que el rebaño del Señor debe caminar sumiso hasta el matadero. Una receta magistral para controlar a millones de fieles que, debido a una lectura condicionada de los evangelios, no caen en la cuenta de que ese mensaje de sometimiento ante la injusticia y el dolor, nunca formó parte del Nuevo Testamento. Y es que, aún dando por cierta la recopilación de los hechos narrados en los Evangelios, una cosa es que Jesús en el “Sermón de la montaña” denominara como bienaventurados a los que sufren, porque ellos verían a Dios, y otra, muy diferente, es que exhortara a sus discípulos a que, de forma voluntaria, se lanzaran a pasar las de Caín. Todo lo contrario. En ese sentido, si en algo abunda el texto es en la confraternización, en la necesidad de ser honesto, en la lucha por la justicia social; Jesús, en el mismo sermón, habla mucho más de los perseguidos y de los que tienen sed de justicia.

Y es precisamente eso, sed de justicia, lo que buscaron y por lo que luchan tanto Rita Maestre, como sus compañeras de protesta, como gran parte de la ciudadanía: una justicia que no llega pero que se debe revolucionar para que, en este estado, las libertades puedan caminar solapándose sin problema alguno. Es precisamente por eso por lo que no debe dimitir Rita Maestre porque, de hacerlo, quedaríamos condenados todos los que hemos luchado, de forma veraz y contundente, por cambiar la forma de vivir y sentir la democracia, la forma de equilibrar esta sociedad de forma justa.

Nuestra libertad no termina donde comienza la de los demás. Ese silogismo es una falacia puesto que su argumento deriva, sin más. en choque, en conflicto. Nuestra libertad debe avanzar con la de los demás, en paralelo, sin cruces ni confrontaciones; sin intrusiones legales sobre el cuerpo y voluntad de cada mujer; sin invasiones en el ámbito de la cultura y educación de nuestros hijos e hijas; sin oscurantismo y diferenciación de la fiscalidad; sin permanencia en los estamentos de gobierno; sin intervención en la ecuanimidad de la justicia.

Cada vez que en estos tiempos nuevos por presiones encaminadas a cumplir una vieja estrategia de desgaste un activista sea cuestionado por acciones no violentas; sea juzgado por la lucha pacífica para evitar el uso de las apisonadoras del poder; o sea eliminado del juego político por su posición en los muchos frentes que se han abierto a lo largo de estos años de expolio; se dará un paso atrás inadmisible que no sólo borrará sonrisas, borrará la libertad de elegir nuevos caminos, nuevas soluciones. Y respecto a eso de dar pasos atrás para hallarlas, no nos queda otra que citar al "divino Edgar" y gritar:

“Nevermore”…

lunes, 15 de junio de 2015

ZAPATA Y LA PONZOÑA

ZAPATA Y LA PONZOÑA



Dado que publiqué hace un par de años, en esta misma bitácora, un breve artículo titulado “Estado de gracia”, donde disertaba sobre el humor y sobre todo aquello de lo que somos capaces a la hora de reírnos; no voy a abundar en cuestiones filosóficas y sociales para entrar en materia respecto a este asunto de los tuits de Guillermo Zapata ─concejal responsable de deporte y cultura en el Ayuntamiento de Madrid─ que el pasado 13 de junio de 2015 se estrenó en el cargo sin saber lo que se le venía encima y que, en el momento en que escribo este artículo, dos días más tarde, ha terminado dimitiendo.

Para quien no se haya enterado de lo ocurrido, añado un enlace a este post, publicado por el diario El País el cual, en este caso, iguala su reacción editorial a la del diario El Mundo, publicación de la que fuera director Eduardo Inda, artífice de esta metralla mediática.

Resulta incuestionable que Guillermo Zapata cometió una metedura de pata, grave, poniendo por escrito y haciendo públicos chistes viejos y brutales que, como otros de la misma índole e incluso peores, recorren y han recorrido las bocas y orejas de cualquier población nacional o extranjera. 

Quede dicho de antemano: la torpeza es grande y los chistes tuiteados son horribles. Quede dicho también que todos somos culpables de nuestro pasado y que lo somos porque, como supongo en el caso de Guillermo Zapata ─a quien no conozco personalmente─, no somos capaces de intuir cuál va a ser nuestro futuro y, así, durante nuestra juventud, por poner un ejemplo, cometemos errores de los cuales alguno que otro resulta inconfesable. A buen seguro, si este hombre hubiese pronosticado, hace cuatro años aproximadamente, que iba a ocupar un puesto de relevancia política, no hubiese publicado esos tuits con esos chistes que, pese a su humor sangrante, eran de dominio público desde muchos años antes.

Me juego la cabeza ─seguro de no perderla─ que un gran porcentaje de la población ha escuchado en alguna ocasión ─en esas rondas de chistes tan castizas, tan de bareto y caña o, incluso, tan de cierre de reunión de negocios entre altos directivos─ varios de esos sarcasmos brutales que, en algunos casos concretos, llegan a poner de moda su temática. He escuchado decenas de chistes sobre Etiopía (haciendo guasa sobre el hambre de sus habitantes y sus condiciones físicas); sobre el SIDA (cuyas salvajadas se reciclaron recientemente en las mismas salvajadas aplicadas al ébola); o sobre el 11S (siempre aludiendo a fórmulas rápidas para cargarse a extranjeros, judíos y parias). Diré más sobre la indolencia del humor: he escuchado chistes, cortos y largos, sobre los asesinatos de ETA relatados, con gran cachondeo, por miembros de la Guardia Civil destinados en el País Vasco a sabiendas de que, en esos chistes, mayormente se hacía burla del asesinado, ya fuera compañero del cuerpo o víctima política.

Este factor macabro me lleva a pensar ─ya a una edad en la que paso cualquier experiencia e idea por el filtro de la reflexión contemplativa─ que semejantes chuscadas, también consideradas como humor aunque éste sea del peor gusto, no sólo se utilizan como medio de ataque y crítica; son, también, una fórmula de autodefensa de la psique, de bálsamo de fierabrás (administrado entre risas y risotadas según la condición cultural del paciente) para que el ser humano sea capaz de soportar la realidad de sus acciones y de su devenir. El humor, entre muchas de sus cualidades, tiene la capacidad de hacernos sobrellevar el hecho de que, como especie, somos histórica, social y científicamente letales. Nos reímos de lo que se hizo mal, de lo que se hace mal, del mal que hacemos y hasta del mal que sufrimos. Nos reímos incluso de lo que no debemos quizá porque, de lo contrario, no pararíamos de llorar.

En definitiva, nos han contado chistes sobre cualquier cosa sin que esta mereciera el dudoso honor de convertirse en cuestión de burla... Me los han contado a mí y a vosotros/as también. De eso estoy seguro. ¿O acaso nunca habéis captado y retransmitido un chiste con la temática machista más recalcitrante? ¿Nunca lo habéis hecho respecto a alguna de las múltiples desventajas físicas y psíquicas del ser humano? ¿No habéis ayudado a que una población entera viva bajo el estigma imperecedero de ser estúpida, o tacaña, o embrutecida? ¿Nunca habéis contado un chiste de léperos, de catalanes o de vascos?...

Nadie sabe quién se inventa ese tipo de coñas callejeras que no pasan filtro alguno para hacerse populares, que no se regulan en una redacción editorial, y que me parecen legales aunque muchas de ellas no sean acertadas. Ponerle puertas a este campo del humor resulta sumamente peligroso puesto que, de una forma más que rápida, la tendencia del poder busca utilizar esa puerta campestre para aplicar cerrojo a lo que más le molesta desde que el mundo es mundo: la libertad de expresión. Con sinceridad, prefiero que el Papa católico se exprese en términos de pegar un puñetazo a alguien por mentarle a la madre, a que no lo haga; prefiero que dentro de la libertad de expresión se cuelen los peores enunciados a que, tomando la unidad por el todo, terminen obligándome a cerrar la boca tal y como pretende el gobierno de España con su malparida “Ley Mordaza”.

Pero, volviendo al caso que ocupa este artículo, si bien desconocemos quién da a luz el chiste, yo me atrevo a señalar al entorno que ha hecho que se expandan los más brutales en tanto a ausencia de empatía social, de xenofobia, de misoginia, etc… como es el caso del chiste del cenicero que ha tuiteado Guillermo Zapata. Todo ello, además, sin necesidad de que existiera Facebook, Twitter, etc... pues, como sabemos, nada hay más viral que el humor sea cual sea su ralea. Y me atrevo a señalar esos entornos sin miedo a confundirme porque mi conclusión se sustenta en una lógica sencilla, en una pregunta clave: ¿qué grupos detestan a la raza negra, a los homosexuales, a la igualdad de derechos, a la clase obrera, a los extranjeros e, incluso, ya que viene al caso, a los millones de judíos que ordenó asesinar Hitler, ese monstruo al que veneran?

Por si no caéis en la cuenta, os doy una pista: podéis hacerles una foto, capturar un pantallazo, o verlos en la televisión en algún fondo de estadio futbolero, durante cualquier partido, mientras lanzan sus proclamas xenófobas y alardean de su condición ultra. Que yo sepa, salvo que terminen matando a alguien, a estas gentes de mal todo se les permite: su humor, su pésimo humor, su humor criminal.

Lo curioso pero terriblemente real, como ya he dicho, es que el chiste radical y de mal gusto entra en los procesos de radiomacutismo y un mal día te lo termina contando un compañero/a cuya ideología está alejada, completamente, de la de estos grupos fascistas. Pese a su brutalidad, el juego de asociación de ideas con que se crea el humor te lleva a reírte aunque odies haberlo hecho. Y a quien no le haya pasado esto que cuento, que me tire la primera piedra. Yo, desde luego, no podría lanzar ni un chinato. Me he reído con aquello que no debería hacerle gracia a nadie aunque, tras hacerlo, haya colocado el parche moral y haya exclamado:

¡Qué bestia!

Pues bien, de ahí, de este punto acusador que señalo, saco varias conclusiones:

Ver y leer a líderes y fieles seguidores del Partido Popular rasgándose las vestiduras por los tuits de este ignorante político que era -en 2011- Guillermo Zapata, no cuela. 

Sabemos, y hemos visto muy recientemente, cómo a estos neoliberales les gusta levantar el brazo y abrir la manita sin pudor alguno, sin tener en cuenta que el saludo Nazi-Fascista sí es una auténtica ofensa contra la memoria de tanto asesinado/a a manos de la peor secta que haya engendrado una ideología. Y es la peor porque, si tenemos en cuenta que el horror estalinista llegó a su final; el de Hitler, Mussolini, Franco, Videla, Pinochet y tantos y tantos otros dictadores y genocidas, parece no tener fin, se perpetúa del mismo modo que se perpetúa el odio. Alguien me dirá que me olvido de China y su genocidio comunista pero ya os digo que no soy yo quien se olvida. Quien sí lo hace es el Partido Popular, capaz de derogar la justicia universal vigente en España con tal de no molestar a un gobierno que tiene comprado el 20% de nuestra deuda. Por lo tanto, me reitero y les digo a los líderes y fervientes seguidores del Partido Popular: respecto a este asunto del humor sangrante y de mal gusto, a otro perro con tanta vestidura rota. Es en las filas más extremas de la derecha y del Partido Popular donde se destila y difunde esta ponzoña.

También, para finalizar, quiero hablar de la estrategia seguida en este asunto; hablar del contubernio que indagó hasta encontrar algo achacable y hasta punible; hablar del medio que resaltó la noticia de estos tuits y que preparó la celada no sólo a Guillermo Zapata sino a la agrupación política a la que representaba en el ámbito de deportes y cultura: la plataforma ciudadana “Ahora Madrid” que, para ser más concreto, ya rige el ayuntamiento de la capital de España, pese a los ataques execrables e injurias del Partido Popular contra la nueva alcaldesa Manuela Carmena en una campaña de acoso y derribo con sólo dos precedentes similares en España tras la muerte del dictador y genocida Francisco Franco: la legalización del Partido Comunista y la victoria del Partido Socialista tras los atentados del 11M. 

Esta cuestión es de cajón y en él me meto: 

Bien, para analizar los tuits escritos por este señor ─Guillermo Zapata─ y llegar en su búsqueda arqueológica hasta el año 2011; se ha tenido que dedicar a este menester a un reportero/a, especialista en investigación. Su misión: encontrar un trapo sucio de cualquier índole, algún elemento dañino para apuntalar palancas que hagan saltar por los aires la formación "Ahora Madrid". Profundizando en el cajón de la lógica, debo suponer que ese mismo ejercicio y dedicación jurásica se lo habrán aplicado al resto de concejales de dicha formación ─veinte en total─ puesto que en esa cacería, para aumentar el número de presas, no queda otra que aumentar el número de cazadores aunque, al final de la batida, entre todos, no hayan cobrado más que una simple liebre afectada de mixomatosis.

Pues bien, no hay quien se crea que, tras semejante despliegue, la liebre ─¡oh casualidad!─ fuera cazada el mismo día 13 de junio, jornada en la que “Ahora Madrid” asumía la regiduría de la capital de España. No. Esa liebre la tenía el señor Inda, y sus aliados, en la nevera. 

Sabedor de que, de haberla expuesto ante el público cuando fue cazada, no hubiese servido de nada; Eduardo Inda no enseñó ni una patita hasta el momento oportuno. De haberlo hecho antes, se hubiese cambiado al personaje en cuestión, otro concejal hubiese accedido al puesto y la ciudadanía hubiese sentido esas mejoras éticas que solicitamos a los representantes políticos. Pero ni el señor Inda ni su pandilla, tan afín a Doña Esperanza Aguirre ─candidata truncada en su camino hacia la alcaldía de Madrid─, querían mejoras, paz y gloria para ciudadano alguno. Sólo pretendían el empeoramiento, el barullo y la denostación. Pretendían demostrar que la estupidez cometida por un joven hace cuatro años, tan indignado como lo estábamos millones de personas, tan incapaz de vaticinar que llegaría a convertirse en un cargo público, tan 15M… fuera capaz de definir y quebrar las patas de una mesa nueva, de una amalgama de voluntades en pro de la ética en la política, de la transparencia y de la sostenibilidad de sistemas de gobierno alternativos a los que hemos ido padeciendo gracias a veinte años del ejercicio absolutista del Partido Popular.

Estoy de acuerdo en que Guillermo Zapata haya dimitido, pero no sólo por lo publicado en su twitter, ni porque lo exijan los conservadores, los  neocentristas y ese personajillo que es el señor Inda. La dimisión de Guillermo Zapata debe ser un ejercicio docente para que todos comencemos a saber, de una vez por todas, que la ética no se proyecta ni en venganzas, ni en violencias, ni en inculturas, por mucho que alguien, siempre desconocido, las convierta en un chiste de mal gusto que eche a rodar por las calles, convertido en la piedra donde sigamos ocultando nuestra hipocresía. 

Corregir y educar en estos fundamentos logrará que, aunque no podamos evitar ser culpables de nuestro pasado, consigamos, al menos, eliminar la ponzoña y ser inocentes de nuestro futuro.

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